Sherezade Sigut, veterinaria: “Debemos exigir a los productos importados los mismos estándares sanitarios exigidos a nuestros productores”

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La experta valora el veto europeo a las importaciones cárnicas de Brasil hasta que cumpla, bajo los mismos controles, con el uso responsable de estos medicamentos para evitar reducir su eficacia frente a las infecciones en humanos.

Los ganaderos llevan desde 2014, cuando arrancó el Plan Nacional frente a la Resistencia de Los Antibióticos (PRAN), adaptándose a un modelo basado en la reducción y el uso responsable de estos medicamentos reservados para tratar una enfermedad en casos puntuales. Lo que en principio se calificó como un “disparate” se ha terminado implantando como norma, en sintonía con las directrices europeas, con resultados positivos sobre la salud del ganado destinado a producir alimentos. Los productores de Brasil, sin embargo, país de donde procede, entre el 50 y el 70% de las importaciones cárnicas de vaca y pollo (congeladas o refrigeradas) que llegan a Canarias, han trabajado ajenos a esta obligación hasta encallar. El veto de la UE que suspende temporalmente la entrada de productos cárnicos brasileños desde el 3 de septiembre supone, por una vez, un posicionamiento firme a favor de la ganadería comunitaria y pone de manifiesto los dudosos estándares de calidad y seguridad alimentaria en regiones terceras que venía denunciando el sector cuando se firmó de manera provisional el Acuerdo Mercosur.

“En España, los antibióticos en ganadería se han reducido un 70% desde 2014, su uso es restringido y está sujeto a periodos de supresión antes del consumo de un producto”, Sigut.

Sherezade Sigut, veterinaria especializada en avicultura de puesta que asesora a explotaciones en las islas y la Península, prefiere emplear el término “paralización” frente a “prohibición” puesto que la UE ha dejado la puerta abierta a las explotaciones brasileñas que cumplan con las máximas exigencias sanitarias y demuestren los mismos controles europeos sobre el uso de estos antimicrobianos, así como a las que en el futuro lo vayan haciendo. En cualquier caso, considera que “Si para mejorar nuestra salud, tenemos que limitar las importaciones de carne y pollo de Brasil, la decisión es acertada”. Y añade: “Aunque inicialmente pueda suponer un incremento en el precio de estos productos para el consumidor, la opción es decantarse por el producto local, producido bajo los exigentes estándares sanitarios europeos con una elevada trazabilidad contribuyendo con ello a reducir nuestra dependencia externa”.

Pero, ¿por qué es tan importante la restricción de antibióticos desde el punto de vista de la salud tanto animal como humana? Europa lleva lidiando con esta problemática, desde hace tres décadas, cuando se dio cuenta de que un uso inadecuado o abuso favorece la selección y propagación de bacterias resistentes a los antimicrobianos haciendo que determinadas infecciones sean cada vez más difíciles de tratar tanto en animales como en personas. La incorporación del concepto One Health (una sola salud) al modo de producir alimentos en la UE, pone de manifiesto la interrelación entre la salud animal, medioambiental y humana, pero también sirve para advertir que cualquier mala praxis en alguno de estos ámbitos puede desembocar en determinadas patologías con opciones terapéuticas cada vez más limitadas si no se ataja a tiempo.

“Para evitar la resistencia de nuestras bacterias a los antimicrobianos y para que las medidas aplicadas en la UE funcionen, es necesario que se le exija al resto de países productores y exportadores reciprocidad por una cuestión de salud, pero también de economía teniendo en cuenta que sus costes son más bajos que los de nuestros productores”, sostiene esta experta.

En la UE, la aplicación de antibióticos en el sector ganadero es extremadamente limitada y solo están permitidos cuando existe una patología en cualquier subsector (vacuno, porcino, avícola, caprino, cunícola), que debe estar respaldada con una prueba clínica tras la entrada en vigor en 2022 del Reglamento (UE) 2019/6. La nueva normativa europea exige ahora también a los terceros países que exportan a la UE garantías equivalentes respecto a determinados usos de antimicrobianos, entre ellos que no se empleen como promotores de crecimiento o para aumentar el rendimiento animal y que se respeten las restricciones europeas sobre los antibióticos reservados para la medicina humana.

Sigut señala que, “el uso de antibióticos en el sector ganadero se ha reducido un 70% desde 2014”. Recuerda que los medicamentos veterinarios están sujetos a periodos de supresión que deben respetarse antes de que la carne, los huevos u otros productos puedan destinarse al consumo, garantizando que los posibles residuos se encuentren dentro de los límites legalmente establecidos como seguros.

Para un productor europeo, “el bienestar animal es lo primero, funciona como un deportista de élite, si tú les das lo mejor, ellos te darán lo mejor”, sentencia esta experta.

Bioseguridad y prevención

El sector veterinario ha trabajado codo a codo con los ganaderos para ayudarles a implementar medidas de bioseguridad y prevención en las granjas, lo que ha acelerado la adaptación con un cambio de mentalidad que ha resultado efectiva. El acceso a una explotación es muy restringido, pero si alguien externo accede tiene que seguir a rajatabla un protocolo que incluye, por ejemplo, no proceder de otra granja, ducharse antes de entrar o llevar ropa y calzado adecuado durante la visita. Estas medidas, junto con una vacunación exigente, la tecnificación de las instalaciones y las mejoras en ventilación, contribuyen, según Sigut, a “mejorar la inmunidad de ganado y prevenir enfermedades”. Recuerda además que para un productor europeo “el bienestar animal es lo primero porque para ellos es como un deportista de élite, si tú le das lo mejor, ellos te darán lo mejor”.

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