La distribución mantiene acuerdos con productores y cooperativas para comercializar sus producciones. Asuican defiende la seguridad alimentaria que garantizan estos canales cortos de venta frente a otros operadores.
Los supermercados se convierten con frecuencia en dianas a las que dardear cuando, por desconocimiento, se les acusa de actuar en contra del sector agrario, no pagar precios justos o no consumir productos locales. La realidad, sin embargo, muestra una versión contraria a esta imagen “malévola” que recae sobre ellos. Alonso Fernández, secretario general de Asuican, la Asociación de Supermercados de Canarias, desmiente estos mitos y defiende el papel de estos puntos de venta que mantienen acuerdos anuales o por temporadas con productores y cooperativas de las islas de manera directa. Concebidos como circuitos cortos de comercialización, entre su oferta distribuyen alimentos frescos de proximidad con la garantía de cumplir a rajatabla la seguridad alimentaria.
“Los consumidores pueden tener la tranquilidad de que, si en alguno momento ocurre alguna incidencia, la trazabilidad de cualquier producto que, por normativa, nuestros centros de distribución están obligados a cumplir, nos conducirá al origen. Tenemos un control absoluto sobre nuestras producciones y esa vigilancia genera confianza en nuestros clientes”, explica Fernández.

Bajo este marco, Asuican colabora, mediante convenio, con el Gobierno de Canarias para facilitar el correcto cumplimiento de las obligaciones que la normativa comunitaria, estatal y regional establece para las empresas alimentarias. Este sistema coordinado de actuación e información ha permitido a la asociación participar en el desarrollo de ordenanzas de mercados tradicionales, mercadillos del agricultor e incluso en la venta ambulante, con el objetivo de contribuir a la mejora de las condiciones de comercialización de productos frescos perecederos, especialmente aquellos que requieren temperatura controlada. Todo ello promoviendo buenas prácticas como el mantenimiento de la cadena de frío y la trazabilidad de los productos, entre otras garantías esenciales en materia de seguridad alimentaria.
Resulta paradójico que este tipo de establecimientos proyecten, a ojos de la población, una imagen más positiva al atribuirles una vinculación más cercana con el producto canario, aunque no siempre sea cierto. De hecho, se han detectado en numerosas ocasiones lo que se podría acuñar con el término canarywashing, una estrategia comercial engañosa y fraudulenta que se apropia de la imagen de Canarias para vender a sabiendas que la mercancía es importada.
“Ni el mercado, mercadillo o frutería de barrio vende producto local en su totalidad, ni el supermercado vende todo producto de fuera”, Alonso Fernández, secretario general de Asuican.
Como dice Fernández: “Ni el mercado, mercadillo o frutería de barrio vende producto local en su totalidad, ni el supermercado vende todo producto de fuera. Tanto unos como otros priorizamos aquello que sale de nuestra tierra, pero tenemos que compensar con importaciones cuando no existen producciones locales. No por eso se es menos canario, lo contrario es chovinismo”.
Los supermercados, por su parte, avalan, además de la seguridad alimentaria, surtido y variedad de producto local, de ahí la necesidad de contar con producciones estables con la mayor cantidad y calidad posible, sostiene este experto. La reposición es diaria, incluso dos veces al día. “No existe una producción en Canarias que quede sin comercializar, si hubiera más se vendería más”, señala.
La implicación de estas tiendas de alimentación con el agricultor va más allá del acuerdo comercial hasta el punto de facilitarle, por ejemplo, la compra de semillas de papa con el fin de aliviarles la inversión inicial, garantizarse un suministro continuo a lo largo del año, además de buscar fórmulas para alargar la producción cultivando en diferentes zonas y altitudes tras pactar un precio medio que beneficie a ambas partes.
Fortalezas del sector agrario
Para el secretario general de Asuican “la producción local en Canarias atraviesa un momento muy positivo teniendo en cuenta que la superficie agrícola de tropicales se ha triplicado en los últimos años. Si no crece más es por cuestiones burocráticas, escasez de suelo o disponibilidad de agua”. En cualquier caso, cree que hay margen para seguir innovando con nuevos cultivos, entre ellos el champiñón, con gran demanda en las islas.
Fernández considera fundamental evitar “compartimentar” los sectores que conforman la cadena agroalimentaria: agrario, industrial y distribución. “Tenemos que empezar a hablar de cadena de valor. Nuestras actividades están ligadas entre sí y eso implica trabajar de forma conjunta y coordinada para saber lo que cada operador necesita o demanda”.
“Los supermercados somos motores de la producción agraria canaria, garantizamos una demanda constante que permite sembrar, invertir y crear empleo” señala su representante.
Reconoce que la Ley de la Cadena Alimentaria, impulsada para favorecer una mayor equidad en las relaciones comerciales del sector, presenta dificultades de aplicación en un aspecto fundamental: la determinación de los costes reales de producción. Si no se saben calcular, difícilmente se podrán cubrir los gastos de una explotación. Con frecuencia se recurre al contraste entre los márgenes de ganancias desde el origen al consumidor ciñéndose únicamente a la cosecha y obviando el trabajo posterior que por ejemplo realiza una cooperativa agrícola en limpieza, clasificación, empaquetado, etiquetado, almacenamiento, transporte, logística y comercialización, procesos que también se suman al precio final.
En su mensaje final, el representante de los supermercados subraya que la proximidad del producto aporta múltiples ventajas, especialmente en términos de frescura, agilidad en la distribución y reducción del desperdicio alimentario, y que son precisamente estos centros de distribución los que hacen posible este modelo. Todo ello sin olvidar que “la riqueza generada en Canarias revierte en el conjunto de la sociedad canaria”.


