La agricultura ecológica avanza con obstáculos en la transformación del modelo productivo agrario de Canarias

La agricultura ecológica en Canarias avanza, pero aún afronta obstáculos para transformar el modelo productivo agrario del Archipiélago.

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Tropicales, hortalizas y viñedo, con cerca de 1.500 hectáreas, duplican la superficie de cultivo. Las deficiencias estructurales del archipiélago en materia de suelo, agua, burocracia y relevo generacional ralentizan su expansión.

Quienes hace treinta años defendían a contracorriente la agroecología (conocimiento científico) y la agricultura ecológica (la práctica) eran tachados de “esotéricos” o “hippies”. Hoy la UE, tras reconocer que funcionan, no solo avala este modelo de producción, sino que impone a través del Pacto Verde Europeo y su estrategia “De la Granja a la Mesa”, una transición hacia sistemas sostenibles como el camino a seguir para obtener alimentos más sanos para el organismo, el medio ambiente y los productores. Su implantación en Canarias ha logrado en la última década un avance constante y prometedor, no exento de obstáculos que ralentizan una mayor expansión.

Los datos que maneja el Instituto Canario de Calidad Agroalimentaria (ICCA) del Gobierno de Canarias, órgano encargado del control y certificación de la producción ecológica, revelan que la superficie inscrita en la provincia de Santa Cruz de Tenerife y en la de Las Palmas alcanza las 9.129 hectáreas. Si exceptuamos el predominio de los pastos permanentes (70%) en el cómputo total, los cultivos de tropicales (plátano y aguacate), hortalizas y viñedo lideran la transición verde tras haber duplicado su presencia al pasar de 652 a 1.470 hectáreas entre 2015 y 2025. Este aumento representa un 3,7% del total de la producción agrícola del Archipiélago.

Para el doctor en Ingeniería Agrónoma, Javier López Cepero, responsable del Departamento Técnico de la mayor organización de productores de plátano de Canarias, Coplaca OPP y experto en agroecología, “estamos en el camino correcto. Se ha demostrado que técnicas como la biofumigación para la desinfección de los suelos, el control biológico para la lucha contra plagas y enfermedades o el uso de compost para la fertilización son efectivas y, por convencimiento, al llevarlas a la práctica y al ser más accesibles a los agricultores, se va extendiendo su uso”.

Estas prácticas, en su opinión, implican “un cambio de mentalidad a la hora de organizar el trabajo y la mano de obra que exige formación, investigación, divulgación y tiempo”. Recomienda “probar en todos los cultivos, pero sin lanzarse. Hay que ir poco a poco porque cada cultivo tiene sus exigencias de suelo y manejo”. Subraya la labor investigadora y divulgadora del Instituto Canario de Investigaciones Agrarias (ICIA) y del Cabildo Insular de Tenerife, y propone fijarse en “aquello que funciona en horticultura y fruticultura tropical para optimizar la metodología y difundirla disponiendo así de una reserva alimentaria local que nos haga depender menos del exterior sobre todo en situaciones de conflicto internacional”.

Vista panorámica de la Ecofinca Mar y Sol (Icod de Los Vinos). Imagen cedida.

“Es importante un cambio de mentalidad a la hora de organizar el trabajo y la mano de obra que exige formación, investigación, divulgación y tiempo”, Javier Cepero, experto en agroecología.

La conversión de una parcela hacia el modelo ecológico tarda unos tres años. Durante este tiempo apenas hay producción y, por tanto, la rentabilidad decae. Para sortear este hándicap, lo recomendable, según este experto, es dividir la explotación en parcelas y comenzar el cambio por una de ellas. El primer paso es aportar materia orgánica (estiércol, compost, abonos verdes, restos de cosecha) para iniciar el proceso de saneamiento y recuperación de un suelo tratado con químicos durante décadas.

Se puede elaborar compost con aquello que resulte un problema. El césped de los campos de golf, por ejemplo, equivalente a la gallinaza, es un material “fantástico” para ser transformado en abono, subraya Cepero. En islas como La Palma, el estiércol de vaca, con gran demanda en el sector platanero, no es susceptible de ser compostado porque su gestión está resuelta lo que demuestra que muchas explotaciones, sin estar certificadas en ecológico, han empleado históricamente este insumo con resultados positivos a nivel edafológico, nutritivo y productivo.

“Cualquier suelo es recuperable, incluso los más afectados por plaguicidas. La clave está en el aporte de materia orgánica”, afirma con rotundidad Cepero aferrándose al mantra, pilar de la agroecología, que cambia el modo de entender la agricultura: “no se fertiliza a las plantas, sino que se alimenta el suelo para que sea capaz de alimentar a las plantas”.

Para poder disponer de un compost de calidad, el punto de partida es la separación en origen de la fracción orgánica doméstica (frutas, verduras, carnes, pescados, cáscaras) en bolsas compostables a través de la implantación del contenedor marrón para su posterior tratamiento industrial en plantas especializadas. Esta práctica relativamente reciente, sobre todo en municipios como Santa Cruz o La Laguna, todavía no se ha llegado a generalizar en Canarias. Una vez se extienda su uso, se complemente con acciones educativas y de concienciación sobre la forma correcta de separar los biorresiduos generados por la población, y se genere interés entre los productores para que elijan el compost local, de kilómetro cero y sin huella de carbono, “el sector de la fertilización natural tendrá más posibilidades de crecimiento”.

En esta línea de trabajo se ha especializado, desde hace casi cuatro años, el proyecto Comunidades Turísticas Circulares (CTC), liderado por Ashotel y Asaga Canarias con el impulso del municipio de Adeje. La iniciativa transforma biorresiduos (restos de frutas y verduras) hoteleros, separados meticulosamente y bajo control en las cocinas de estos establecimientos para evitar impropios, en compost de alta calidad que se emplea posteriormente como abono en fincas hortofrutícolas de Tenerife. Los productos cosechados acaban formando parte de la oferta gastronómica que se sirve en los hoteles participantes.

Este modelo de economía circular pionero, al que ya se han sumado 30 establecimientos hoteleros y ha transformado 3.200 toneladas de biorresiduos en 1.200 toneladas de compost para fertilizar hasta el momento 115 hectáreas de cultivo, ha logrado además crear una red colaborativa con las entidades públicas que contribuyen con la logística, las instalaciones gestoras donde se procesan esos biorresiduos y las fincas agroecológicas a donde llega el fertilizante natural obtenido. El objetivo de futuro de este proyecto es seguir creciendo y lograr que más hoteles, municipios y explotaciones formen parte de esta transformación de la agricultura con vistas a reducir la dependencia externa de Canarias de los fertilizantes de síntesis y contar con una mayor despensa de productos locales.

Obstáculos

Canarias, por su condición ultraperiférica, soporta condicionantes estructurales que impiden prosperar a la agricultura ecológica como en otras regiones españolas. El reducido tamaño de las explotaciones, la escasez, calidad y el elevado precio del agua de riego, la dificultad a la hora de acceder a suelo agrario, calificado como el más caro de España, la burocracia y la competencia exterior de productos ecológicos importados más baratos, además de la falta de relevo generacional, no facilitan que el sector alcance la madurez, aunque “avanza hacia la media española”, que representa el 12% de la superficie agraria útil, según apunta Luis Arráez, director general del ICCA.

Para impulsar su desarrollo, este organismo actúa en varios frentes. Lidera el programa de referencia ecocomedores – galardonado recientemente con el Premio Especial Estrategia NAOS, otorgado por el Ministerio de Consumo – enfocado a mejorar la calidad de la alimentación incorporando productos ecológicos, frescos, locales y de temporada a los menús de centros escolares, sociosanitarios y de restauración colectiva de las islas. Actualmente, el programa cuenta con cerca de 150 centros escolares en todo el Archipiélago y se aproxima a los 22.000 comensales.

“La evolución del programa ecocomedores ha sido muy positiva. Estamos convenciendo y animando a más centros y a más agricultores a sumarse”, Luis Arráez, director general del ICCA.

Arráez subraya que “la evolución de esta estrategia ha sido muy positiva. Estamos convenciendo y animando a más centros y a más agricultores a sumarse a esta iniciativa”. Agradece la implicación de la Consejería de Educación, que considera, “fundamental” porque se ha logrado que, a través de una resolución, se obligue a todos los centros educativos de Canarias con comedor de gestión directa a ofrecer menús más saludables. Los productores, por su parte, “al trabajar con canales cortos de comercialización y sin intermediarios, ganan en rentabilidad”, señala.

La mejora en la línea de ayudas dentro del Plan Estratégico de la Política Agraria Común (PEPAC) para que sean subvencionables no solo las prácticas y los métodos de producción ecológica, sino también la superficie agrícola en conversión, es otro aliciente. Dotada con un crédito de 88.400 euros para la presente convocatoria, en un 14% aportados por la Consejería de Agricultura, a través de fondos consignados en los presupuestos del propio ICCA (la mayor parte corre a cuenta de la UE y el Estado), la compensación está enfocada a facilitar el cumplimiento con los compromisos agroambientales. A juicio de Arráez, “la dotación debería aumentarse en el futuro para seguir incentivando la incorporación de nuevos productores”.

Además de las acciones anteriores, el ICCA tramita gratuitamente la certificación ecológica y se encarga de los controles de las explotaciones, además de convocar encuentros anuales con productores ecológicos donde exponen sus problemáticas y se aportan soluciones eficientes. En estos momentos se trabaja en la creación de viveros ecológicos certificados para la producción de semillas.

La experiencia de la Ecofinca Mar y Sol

Dedicada a la agricultura desde hace trece años, Marisol Casimiro persuadió a su padre hacia un cambio en el modo de producir plátano y hortalizas de hoja cuando se dio cuenta de que un suelo saturado por exceso de fitosanitarios, herbicidas y abonos químicos era incapaz de ofrecer cosechas rentables y la única alternativa pasaba por vender la explotación. Así nació en 2024 Ecofinca Mar y Sol (Icod de los Vinos), un proyecto familiar que, además de comercializar sus producciones y estar abierto a visitas y eventos, ha comenzado a dar su fruto después de tres años de reconversión. Actualmente también es receptora del compost procedente de CTC.
“Ahora, la calidad de los cultivos es sorprendente, tanto por el tamaño como por el sabor de los productos obtenidos. No tiene nada que ver con lo que producíamos antes”, manifiesta Casimiro. Reconoce, no obstante, que la transición no ha resultado fácil. “La regeneración de los suelos y, económicamente hablando, ha sido costoso, sin olvidar el cambio de mentalidad que supone cultivar sin químicos creando áreas de biodiversidad o asociaciones de cultivos que se favorezcan entre sí para el control de las plagas”.

Pese a las dificultades, “la reconversión a ecológico ha valido la pena por los buenos resultados de las cosechas, la rentabilidad, que nos ha permitido continuar en la agricultura, por nuestra salud y porque apoyamos al medio ambiente con una menor huella de carbono”, manifiesta.

“Tras la reconversión a ecológico, la calidad de los cultivos es sorprendente, el único problema es la falta agua de calidad para seguir produciendo”, Marisol Casimiro, Ecofinca Mar y Sol.

En el horizonte, la principal demanda de esta joven productora es disponer de agua en cantidad y calidad para poder seguir produciendo. Su familia, junto a otros agricultores de la comarca llevan desde 2008 reclamando al Cabildo Insular de Tenerife la instalación de una desalinizadora en el noroeste de la isla que les permita suministrarse de recursos hídricos bajos en salinidad para que sus producciones continúen con vida. De momento siguen esperando.

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