La SAT Viticultores de la Comarca de Güímar afina los tintos para deslumbrar en los certámenes de vinos

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Pedro L. Díaz Perdomo, enólogo y artífice detrás del premio al Mejor Vino de Canarias 2026 bajo la marca Pico Cho Marcial, reconoce la evolución positiva de estos embotellados con elaboraciones “algo más exigentes y delicadas”.

La viticultura canaria se ha caracterizado a lo largo de su historia por la presencia de excelentes vinos blancos que difícilmente encuentran rival que les hagan sombra. Los tintos, en cambio con una fama más cuestionada, no siempre han contado con el beneplácito de los consumidores más expertos y les ha costado más abrirse camino en un mercado tan competitivo como el vitivinícola donde inevitablemente se entra en comparativas. En las últimas décadas, sin embargo, el salto cualitativo de este tipo de embotellados ha cambiado su percepción comenzando a fraguar un más que reconocido prestigio. Es el caso de la SAT Viticultores de la Comarca de Güímar que, por tercer año consecutivo, se ha alzado con el premio al Mejor Vino de Canarias 2026 ex aequo bajo la marca Pico Cho Marcial en el Concurso Oficial de Vinos de Agrocanarias que organiza el Gobierno de Canarias. En los últimos ocho años han logrado tal distinción en seis ocasiones.

Pedro Lorenzo Díaz Perdomo, enólogo y artífice detrás de este logro, explica que este tinto joven es el resultado de una combinación de dos variedades de uva con predominio de la Listan Negro sobre la Syrah tras una maceración mixta (una parte carbónica y otra tradicional). La primera aporta “intensidad aromática” y la segunda permite “estructurar” mejor el vino. Reconoce cierta dificultad en su elaboración al ser más “delicada”, lo que exige un mayor control en las maceraciones, los tiempos y el trabajo de campo para cosechar en el momento exacto de madurez del fruto.

El presidente de la bodega comarcal de Güímar, José Bruno Albertos junto a Pedro L. Díaz. Imagen cedida.

La transformación de los tintos responde a la modernización de las bodegas, el trabajo con el viñedo y la formación de técnicos y enólogos.

Para este experto, la transformación de los tintos isleños responde a la suma de un conjunto de factores clave relacionados con la modernización de las bodegas, la mejora del trabajo con el viñedo, además de la formación continua y mayor accesibilidad a la información de los técnicos y enólogos encargados de asesorar el trabajo del viticultor y bodeguero. El cambio a mejor de estos embotellados, reconocido en certámenes regionales, nacionales e internacionales, dan pistas sobre el camino a seguir.

La bodega de Güímar, perteneciente a las 152 familias que conforman la SAT Viticultores de dicha comarca, se creó en 1996 y desde entonces siempre se ha caracterizado por una personalidad innovadora y diversificadora. Su variada oferta, con 22 referencias, incluye blancos secos, tintos jóvenes, blancos semidulces, rosados, frizzantes, vermuts, además de cinco referencias de espumosos a las que han incorporado la Malvasía Aromática y esperan poder ampliar el próximo año.

LA ESCASEZ DE MATERIA PRIMA Y LA CRISIS DE CONTINUIDAD DEL VIÑEDO

La producción de uva para vinificación bajo Denominación de Origen Protegida (DOP) se redujo un 27% en el Archipiélago en 2025 por distintos factores climáticos adversos, según la Consejería de Agricultura del Gobierno de Canarias. Esta caída restó 1,3 millones de kilos a la cosecha de 2024 al pasar de 6,16 a 4,84 millones de kilos. La reducción es más severa (-70%) si se compara con el volumen cosechado cerca de dos décadas atrás cuando se llegaron a registrar más de 16,6 millones de kilos vendimiados.

La escasez de materia prima tiene su origen en las últimas sequías y en un viñedo enfermo con bajo rendimiento que pide a gritos un saneamiento para volver a ser productivo. Son dos de los problemas que condicionan al sector vitivinícola, frenan elaboraciones y proyectos a pesar de la consolidación de los vinos canarios en el mercado dentro y fuera de las islas, pero no son los únicos. Sin jóvenes que recojan el testigo de un sector envejecido, la viticultura difícilmente podrá continuar. En este punto, Díaz Perdomo cree prioritario que, por un lado, las administraciones competentes respalden los trabajos para que los viticultores puedan contar con plantas saneadas que generen rentabilidad, atraigan a las nuevas generaciones y no inviten al abandono de las explotaciones.

Pedro L. Díaz realizando un control sobre la uva cosechada en la bodega de Güímar. Imagen cedida.

Por otro, que las bodegas mantengan como incentivo los buenos precios de la uva por encima de los dos y tres euros el kilo. Canarias se sitúa entre las regiones de España donde mejor se remunera la actividad vitivinícola teniendo en cuenta la dificultad de mecanizar los terrenos y otras consideraciones estructurales de cultivar en un territorio alejado y fragmentado. Otro factor clave es la disponibilidad de agua en cantidad y calidad sobre todo en las zonas de medianías donde se concentra buena parte del viñedo. En las parcelas más altas del Valle de Güímar (Las Dehesas y Los Pelados), al ser de secano, solo se puede depender de la climatología. Con las precipitaciones caídas durante este invierno, se ha detectado cierta recuperación (plantas con más vigor) lo que ha devuelto la ilusión a los viticultores que esperan pueda verse reflejado en la próxima campaña.

Sin jóvenes que recojan el testigo de un sector envejecido, difícilmente se podrá continuar. “Es prioritario la implicación de las administraciones”, Díaz Perdomo.

COSECHA 2026

Según Díaz Perdomo, la cosecha de este año estará marcada por la recuperación (+30%) de las pérdidas de la vendimia de 2025. “La satisfacción es plena en el sector teniendo en cuenta que la carencia de uva ha provocado una rotura de stock en un momento en el que los vinos canarios están consolidados”, señala. En materia sanitaria, se espera que la mayor presencia de mildiu detectada en el norte de Tenerife no tenga idéntica incidencia en las comarcas vitivinícola del sur de la isla.

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