Joel y Ayoze González, hermanos, veinteañeros y ganaderos de profesión: “Somos empresarios del sector”

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Copropietarios de la quesería Ayojo, vinculada a una explotación de más de 500 cabras, producen hasta seis tipos de quesos a base de leche cruda. Reivindican el valor de la ganadería y animan a otros jóvenes a incorporarse, pero con formación.

Nacer en cuna de ganaderos predispone. El apego a la tierra, el vínculo emocional hacia el ganado, la responsabilidad de su cuidado y la herencia del negocio familiar empujan a muchos hijos y nietos a tomar el relevo. Que no se pierda lo que con tanto esfuerzo costó levantar a sus antecesores es prioritario para salvar y darle continuidad a su medio de vida, pero hacerlo hoy exige una nueva mentalidad: más profesional y basada en la formación. Joel y Ayoze González Hernández, dos hermanos en la veintena, heredaron una explotación caprina dedicada en el pasado exclusivamente a la venta de leche. Decididos a asumir el legado, optaron por vincular la ganadería a la elaboración de quesos artesanales y así nació la quesería Ayojo (Benijos, La Orotava). Se autodefinen empresarios y reivindican que a los productores se les consideren profesionalmente como tales porque desarrollan una actividad económica como cualquier otra.

La quesería Ayojo fue galardonada con el segundo premio Agrojoven 2025 del Cabildo de Tenerife por su iniciativa empresarial antes de su apertura en abril de este año 2026. Desde su lanzamiento al mercado local no solo han crecido en el número de animales: de las 300 cabras heredadas inicialmente hasta más de 500 en la actualidad, sino que ofertan hasta seis tipos de quesos distintos: fresco, fresco ahumado, semicurado de gofio, semicurado de pimentón, semicurado ahumado de gofio y semicurado ahumado de pimentón. Se elaboran diariamente a base de leche cruda, “que exige controles más exhaustivos en parámetros como el pH y la temperatura para preservar la calidad de la materia prima durante todo el proceso de producción, pero también representa una seña de identidad propia y diferenciadora”, señala Joel.

“Darnos a conocer en las redes sociales con vídeos sobre la actividad diaria que hacemos en la explotación nos ha ayudado a vender más quesos”, Joel González, copropietario de la quesería Ayojo.

Los hermanos se reparten las tareas de la explotación. Ayoze, de carácter más reservado, prefiere pastorear cada día el ganado. Esta actividad reporta múltiples beneficios a la leche. ¿El resultado? Quesos más ricos en aroma y valores nutricionales que reflejan de forma directa los matices de la biodiversidad de la flora local presente en el territorio. Joel, más extrovertido, se encarga de la elaboración de los quesos, cuya materia prima al no estar sometida a tratamientos térmicos conserva la flora original del rumen aportando textura y más intensidad de sabor al resultado final. La promoción a través de las redes sociales también es cosa suya.

Los hermanos González Hernández tras recibir el reconocimiento del jurado con el segundo premio de Agrojoven en 2025. Imagen cedida.

“Darnos a conocer con vídeos sobre la actividad diaria que hacemos en la explotación nos ha ayudado a vender más quesos”, manifiesta Joel convencido de que los consumidores “cada vez valoran más los productos locales artesanos y van en busca de ellos”, de ahí que anime a los jóvenes que se incorporen al sector, siempre con formación previa, a utilizarlas en su día a día para conectar con el público y abrir nuevas líneas de venta. En su caso, comercializan a través de diferentes canales: a domicilio, tiendas especializadas (mercado de Nito en Tegueste, charcutería Chicha y carnicería El Holandés en La Laguna, La Albahaca en Arafo), además de los sábados en el Mercadillo de Tacoronte.

Joel González al frente de un punto de venta con una nutrida oferta de sus quesos. Imagen cedida.

EL PESO DE LA BUROCRACIA

La gestión diaria de los trámites administrativos que conlleva una explotación de caprino es una de las tareas que más tiempo les roban a estos productores. Joel asegura que “paso más horas delante del ordenador que produciendo quesos” lo que demuestra la carga burocrática a la que está sometidos. Hay que tener en cuenta que cada granja debe contar con un registro digitalizado de su actividad que incluya, entre otros aspectos, actualización de las altas y bajas del censo del ganado, facturación o control sobre los costes. Esto implica introducir datos constantemente porque la administración pública obliga a comunicarle esta información o a tramitar cualquier solicitud de ayuda por vía electrónica.

“En la actividad ganadera se puede tener tiempo libre, es cuestión de organización, pero hace falta menos carga burocrática”, sostiene este productor.

El sector siempre ha demandado mayor flexibilidad burocrática para aliviar la carga de trabajo que implica estas obligaciones, pero de momento no parece que vivan en la misma realidad quienes ejecutan normas continuamente y complican la operatividad de las explotaciones y quienes tienen que acatarlas. Aun así, ni Joel ni Ayoze están dispuestos a rendirse. Es más, salen en defensa de la ganadería, frente a la percepción generalizada de que la actividad exige sacrificio y no deja tiempo libre, aseguran que “todo es cuestión de organizarse y planificar bien la jornada diaria”. En sus mentes mantienen un objetivo claro: seguir creciendo y en ese camino andan.

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