El cultivo de la naranja retrocede en Canarias, pero el sector mantiene en alto sus expectativas de futuro

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Gran Canaria, con la mayor presencia de este frutal, pierde un 30% de la superficie cultivada. Los productores coinciden: la clave para prosperar está en mejorar los precios en origen e invertir en mecanización en aquellas parcelas que lo permitan.

Gran Canaria ha perdido en las dos últimas décadas un 30% de la superficie de naranjo, lo que se traduce en unas 200 hectáreas menos, según indican los registros oficiales (ISTAC) correspondientes al año 2024. Es, con diferencia, la isla donde más se ha retraído el cultivo, aunque sigue manteniendo, con 489 hectáreas, su posición hegemónica en el Archipiélago al registrar la mayor presencia de este frutal, seguida de Tenerife (276 Ha.) y La Palma (112 Ha.).

Citricultores como David Rodríguez (Finca Don Tomás), presidente de la Asociación Canaria de Agricultores profesionales (ASJOVA), especializada en este cítrico, atribuyen el detrimento a la baja rentabilidad y a la falta de mano de obra profesional. Reconoce, no obstante, que convenios como el firmado, desde hace varios años, con una cadena de supermercados, con el respaldo del Cabildo Insular de Gran Canaria, brindan apoyo para seguir produciendo y protegiendo este patrimonio agrícola y cultural de la isla. Con la gran distribución y la hostelería, en cambio, la comercialización es más complicada, según señala, al no poder cumplir ni con el empaquetado (tipo malla) ni con los calibres exigidos.

La naranja del País, como comúnmente se le conoce en las islas al producto de origen local, se paga en origen en torno a 0,70 euros el kilo (con una variación en 2025 entre 0,68 y 0,75 euros/kg) según el Observatorio de Precios del Gobierno de Canarias. En destino, el producto se paga a entre 1,98 y 2,54 euros la elección. Este precio supone una diferencia de cerca de dos euros entre el primer y último eslabón de la cadena alimentaria, es decir, entre el productor y el consumidor final, que se queda en manos de los intermediarios y no en las del agricultor pese a ser el operador que ejecuta todo el trabajo productivo (podas, riego, abonado, control de maleza, gestión de plagas o recogida de cosecha, entre otras labores).

A juicio de los productores, este precio (0,70 euros/kg) resulta insuficiente para cubrir los costes de producción que pueden variar en función de si la explotación está o no mecanizada. “Lo ideal sería poder percibir en torno a 1,10 euros el kilo para poder vivir dignamente de la actividad e invertir en automatización que facilite las tareas diarias y permita ganar en rentabilidad a las explotaciones teniendo en cuenta la calidad de nuestra fruta”, sostiene Rodríguez que produce unos 65.000 kilos anuales de fruta.

El citricultor percibe 70 céntimos por kilo producido. Aspira a superar el euro para poder cubrir los costes de producción.

La naranja de Gran Canaria, que pertenece a la variedad Washington Navel (con ombligo), se caracteriza por su frescura, jugosidad y dulzor. Estas cualidades sorprenden, según Rodríguez, a los turistas que tienen la oportunidad de probarlas cuando visitan la isla y acuden a eventos como la feria que organiza el Ayuntamiento de Telde cada año por el mes de diciembre para promocionar este producto. En 2025 este productor, que se alzó con el primer premio en la tradicional cata, logró vender 3.500 kilos en 10 horas. “Les llama la atención el sabor y la calidad lo que demuestra el potencial de nuestras producciones, aunque, lamentablemente, solo permiten abarcar en torno a un 10% del mercado local”, señala. Para cubrir el resto del consumo interior es necesario importar. Las importaciones proceden bien de la Península (Valencia, Murcia o Andalucía) o bien de regiones productoras como Sudáfrica, Egipto o Turquía que, dada su capacidad productiva al contar con grandes extensiones de cultivo, ofrecen precios más bajos frente a los que resulta difícil competir.

SAT FAST comercializa más de 200.000 kilos de naranja procedente de socios y proveedores.

Productores de La Palma como José Adelfo Pérez (Punta Gorda), con una producción que ronda los 60.000 kilos al año, se queja de márgenes comerciales superiores por parte de los intermediarios a costa del trabajo del sector agrícola y propone además “frenar las importaciones cuando hay producción local de temporada para no perjudicar al sector en Canarias y activarla en momentos de escasez”.

Esta situación se produjo, el pasado mes de febrero, en la isla cuando se produjo una retención de un excedente de 40.000 kilos de naranjas que no podían comercializarse debido a la introducción masiva de fruta procedente de fuera del Archipiélago poniendo en riesgo las rentas del sector.

La producción de naranja en Canarias solo cubre un 10% del mercado interior. Las importaciones abastecen el consumo mayoritario.

Ante esta circunstancia, el Cabildo de La Palma, en colaboración con Sodepal y la propia dirección de la Central Hortofrutícola con diversos distribuidores canarios, facilitaron que el producto palmero fuera exportado a otras islas e introducido de nuevo en el mercado regional. De esta manera, los productores palmeros pudieron al menos recuperar los costes de producción.

Unión y profesionalización

Para el presidente de la asociación Valle Los Nueve, el porvenir del sector citricultor en la isla depende de varios factores. Considera que la unidad de los agricultores es fundamental para “remar todos en la misma dirección y seguir manteniendo los acuerdos comerciales con las cadenas de supermercados con la esperanza de que en el futuro, si las producciones lo permiten, se puedan seguir abriendo nuevas oportunidades de negocio”.

Operaria durante la campaña de naranjas en Telde.

Cree fundamental lograr precios adecuados para poder invertir en la automatización de las explotaciones y suplir así la falta de mano de obra. Aboga además por una formación continua como vía para seguir mejorando el cultivo, resentido por la sequía de los últimos años y la presencia de árboles longevos, pide contar con patrones adaptados a las condiciones edafoclimáticas de la isla, así como disponer de agua de riego de buena calidad. La meta es seguir abriendo paso a nuevos acuerdos comerciales con las grandes superficies, la hostelería y el enoturismo y, a largo plazo, enfocarse en lograr una Denominación de Origen Protegida (DOP) para la naranja de Gran Canaria.

En Tenerife, Vicente González, agricultor con una parcela de 10 hectáreas en el municipio de La Orotava considera inviable la mecanización en su caso debido al escalonamiento de las parcelas, de pequeño tamaño con árboles en marcos de plantación muy estrechos que imposibilitan el paso de maquinaria y obliga a labores manuales en el cultivo. Su producción media alcanza los 70.000 kilos al año. La rentabilidad, señala, “no siempre está garantizada. Depende de la cosecha y del coste de los insumos como fertilizantes o fitosanitarios, además de poder disponer de los volúmenes de agua de riego que el cultivo necesita y que en los últimos años han escaseado por la sequía”. Una situación que espera cambie en esta campaña dada la concatenación de borrascas que han regado de manera abundante la isla en este invierno y entrada la primavera.

Otro asunto de calado es la gestión de las plagas (más de 200 reconocidas en el naranjo) una tarea alto compleja teniendo en cuenta que ha desaparecido del mercado una amplia gama de productos fitosanitarios y las alternativas biológicas son escasas y no siempre eficaces para determinados patógenos. Una parte de los productores conserva la fe en la agroecología y en la economía circular, pero la siguen percibiendo lejos de los objetivos a alcanzar al no estar lo suficientemente desarrollada y no disponer de los volúmenes de compost necesarios para reducir la dependencia externa de fertilizantes químicos.

Disponer de agua en cantidad y calidad es otra de las demandas del sector para garantizar el mantenimiento del cultivo.

Moisés Rodríguez, ingeniero técnico agrícola de SAT FAST (La Orotava, Tenerife), empresa agraria que comercializa más de 200.000 kilos de naranja procedente de socios y proveedores, explica que la calidad de la fruta este año ha desmejorado bastante por el viento y la elevada humedad. Las naranjas presentan daño exterior (rajado) que impiden su venta y se ha detectado la aparición de plagas y enfermedades, sobre todo, el conocido como minador de la hoja o la lapilla.

El consumo de naranjas en España continúa siendo elevado, al ser una de las frutas que más se emplea en la elaboración de zumos frescos y por su alto contenido en vitamina C. Un informe del Ministerio de Agricultura de 2024 lo sitúa en 10,62 kilos por persona y año, por detrás del plátano, con 13 kilos por persona y año. El estudio no especifica cuanto se consume por comunidades autónomas, pero en términos generales Canarias aparece entre las regiones con menor consumo de frutas frescas del país.

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