Mermeladas y zumos de tuno indio de la finca L’Enrosadira Bio cotizan al alza en Gran Canaria

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El emprendedor, Giacomo Elia Godina, aprovecha las bondades nutricionales y medicinales de este fruto mientras explora los beneficios agroambientales de este cultivo silvestre resistente a la sequía.

Infravalorado pese a su potencial nutricional, medicinal y agroambiental, el tuno indio (Opuntia dillenii), planta asilvestrada presente históricamente en Gran Canaria desde hace más de 200 años, ha encontrado en la finca L’Enrosadira Bio (Valle de Agaete) un aliado para su valorización y aprovechamiento como cultivo.

El joven emprendedor, Giacomo Elia Godina (28), responsable de la gestión de esta empresa familiar desde 2015 se ha especializado en la elaboración de zumos y mermeladas ecológicas con múltiples combinaciones a base de este fruto de color púrpura que gana adeptos entre los consumidores: “Quienes los prueban, repiten”, subraya este técnico superior en Gestión Forestal y del Medio Natural, estudiante del Grado de Ciencias Ambientales.

Su inquietud por las frutas tropicales y la producción ecológica le viene de sus raíces. Italiano de nacimiento, fue su bisabuelo y posteriormente su padre, afincado en la isla desde finales de la década de los 90, quienes le transmitieron esos valores.

Tres generaciones más tarde, Giacomo ha rescatado ese conocimiento, que aprendió desde pequeño, aportando su particular visión a su oferta de productos agrarios transformados, que incluye mojos y conservas, gracias al saber transmitido, a la formación recibida y a la experiencia cosechada. “Si por algo nos diferenciamos en el mercado es por la calidad”, subraya.

La elaboración de zumos y mermeladas a base de tuno indio conlleva una doble complejidad. Por un lado, la imposibilidad de mecanizar el terreno dadas las pronunciadas pendientes donde se ubica la finca. Por otro, tener que lidiar con las púas durante la recolección y el proceso de transformación.

Una meticulosa tarea de limpieza garantiza su eliminación. Primero con un cepillado, posteriormente con un lavado de la fruta, previo a su pelado y triturado, sin olvidar el tamizado para retirar las semillas. Su rendimiento es bajo: se conserva solo un 40% de lo recolectado.

La amplia gama de mermeladas de L’Enrosadira, hasta 250 tipos diferentes, entre ecológicas certificadas, naturales, dietéticas o sin azúcar para diabéticos, emplea el tuno indio solo o combinado con otras frutas como plátano, naranja, piña, además de miel y, otras variedades como mango y maracuyá, higos, almendras, entre otras muchas, sin olvidar una de las más destacadas y originales, la mermelada de café, inspirada en los cafetales del Valle de Agaete.

Recientemente, ha sacado a la venta una nueva versión a base de castaña, basándose en una receta tradicional de su familia, aprovechando las producciones cosechadas de ejemplares antiguos de castaños frondosos, algunos casi centenarios, que conviven en una explotación recientemente adquirida con otros frutales. La recomendación de Giacomo es combinarla con carnes como el cochino negro canario para enriquecer el plato.

La amplia gama de mermeladas emplea el tuno indio solo o mezclado con plátano, naranja, piña, mango, miel, aloe vera o especias como la canela.

El tuno indio encierra en su interior una botica de medicamentos para diferentes usos. Contiene hierro, magnesio, potasio, calcio y vitaminas C y K, protege el hígado y el riñón, favorece la absorción de los azúcares en el intestino, además de emplearse en el tratamiento de afecciones respiratorias como la bronquitis o el asma, entre otras propiedades.

Por su parte, las flores, una vez secas, se usaban tradicionalmente para preparar infusiones.

Desde el punto de vista agroambiental, la tunera es una planta valiosa. Como cactácea, se adapta fácilmente a los climas áridos y se desarrolla bien en condiciones extremas de sequía. No requiere ni fertilización ni el uso de productos fitosanitarios.

Actúa como sumidero de carbono fijando toneladas de CO2 al año y, gracias a su extendido sistema radicular, contribuye a contener la erosión del suelo en zonas con pendientes pronunciadas, además de ser un aliado de la fauna silvestre que le proporciona alimento en épocas de escasez en el campo, ya que aves y reptiles se nutren de sus frutos mientras polinizadores como las abejas y los abejorros liban su néctar y polen.

Vista parcial de la finca de frutales en San Mateo.

FRUTALES DE PEPITA Y HUESO PARA AMPLIAR SU OFERTA

La finca L’Enrosadira Bio se extiende sobre una superficie de 4,5 hectáreas mayoritariamente ocupada por el tuno indio y, en menor medida, por el tuno moscatel.

En su afán de crecimiento y con la mirada puesta en ampliar su oferta de productos a la venta, Giacomo se ha involucrado en un interesante proyecto de recuperación de una finca agroforestal afectada durante el incendio que se desató en la isla en 2017.

Situada a unos 1.800 metros sobre el nivel del mar, en las cumbres de La Vega de San Mateo, conserva un abundante patrimonio agrícola de frutales de pepita y hueso entre los que se encuentran manzanos, perales, ciruelos, duraznos, almendros, castaños, nogales, higueras e incluso avellanos, también en régimen ecológico.

Su intención es llevar a cabo labores de desbroce en el monte y poda de todos los árboles para su recuperación, además de incorporar algunas variedades nuevas e instalar colmenares para la obtención de miel de calidad aprovechando la flora autóctona y singular de la zona donde cohabitan, también retamas amarillas y tajinastes azules, entre otras especies.

Con las producciones recogidas, la idea es completar y ampliar la oferta de productos transformados a la venta sobre todo en aquellos momentos del año que, por una cuestión de temporalidad, no permiten disponer de producción de tuno indio.

Una vez recuperada la finca, el siguiente paso será convertir una de las cuevas existentes en un Aula de la Naturaleza para poder difundir los valores naturales, botánicos y geológicos de la zona.

La explotación pasaría a ser visitable para que el público de todas las edades, en especial, los escolares, puedan conocer y aprender de primera mano no solo sobre el cultivo de tuno indio, sino sobre el resto de especies existentes en esta zona como parte de los agrosistemas a proteger en Canarias para salvaguardar la biodiversidad, evitar incendios forestales y seguir explorando su potencial alimentario y farmacológico de cara al futuro de este sector.

Con la adquisición y recuperación de una finca de frutales de pepita y hueso, Giacomo ampliará su oferta de productos y creará un Aula de la Naturaleza.

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