“Si el ganadero es profesional, la seguridad alimentaria y el bienestar animal están garantizados”

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“Si el ganadero es profesional, la seguridad alimentaria y el bienestar animal están garantizados”

El sector, sometido a la normativa europea y nacional, una de las más estrictas del mundo, se defiende de informaciones sensacionalistas en torno a la mala praxis de casos aislados que lesionan la reputación de una mayoría cumplidora.

Salud, bienestar animal y medio ambiente son algunos de los dardos mediáticos que más asoman en los medios para atacar al colectivo ganadero, poco acostumbrado a los focos. Atajar estas amenazas dependerá de saber explicar mejor lo que se hace bien para ponerlo en valor recordando el papel de los veterinarios, profesionales respaldados por la ciencia, a la hora de garantizar que los productos de las granjas son sanos, seguros y de calidad.

Cuanto más profesionalizado esté el sector ganadero, mayor será la seguridad alimentaria, el bienestar animal y el compromiso con la protección medioambiental mediante prácticas responsables.

La profesionalización marca una diferencia: estar sometido al Modelo Europeo de Producción regido por estrictos controles anuales para garantizar el cumplimiento de las normativas, dentro de las cuales, las españolas se encuentran entre las más exigentes del mundo.

“Si incumples, te sancionan, y si eres reincidente, en función del grado de infracción cometido, te pueden acabar cerrando la explotación. Arriesgarse es perder tu medio de vida”.

Con esta frase, repetida por productores de los cuatro subsectores representativos de Canarias (porcino, bovino, caprino y avícola) a la que se suman veterinarios especializados, quieren combatir el tratamiento sensacionalista que en ocasiones emplean algunos medios cuando intentan generalizar casos aislados de mala praxis. Sienten que es un ataque constante a la reputación de una actividad que merece una proyección social más positiva y menos destructiva.

Una veterinaria supervisa el estado de un cerdo en una explotación ganadera de Tenerife. Archivo.

“Siempre hay alguien que pueda hacer las cosas mal, pero eso no debería significar meternos a todos en el mismo saco. La inmensa mayoría cumplimos y es lo que deberíamos saber transmitir a los consumidores para generarles confianza en nuestros productos”, habla Miguel Pablo Woolmington, ganadero y propietario de una granja de 1.600 cabezas de ganado porcino en Los Rodeos (La Laguna) con fábrica de piensos propia.

Los inspectores de Sanidad lo visitan dos veces al año. Nunca avisan. “Si estás haciendo bien las cosas, no hay nada que temer, pero si las estás haciendo mal, va a saltar enseguida, de ahí que estés obligado a cumplir a rajatabla”, manifiesta.

Los inspectores controlan, entre otros aspectos, que no se utilicen sustancias prohibidas como hormonas de crecimiento o antibióticos, cuyo uso, al ser en este último caso un medicamento para determinadas patologías, solo puede prescribirse bajo criterio veterinario cuando aparezcan los síntomas y nunca de forma preventiva como se hacía en el pasado.

En el supuesto de administrarse, hay que cumplir con los periodos de supresión antes de que el animal se destine al matadero. En sus más de 20 años al frente de su explotación, Woolmington, que comercializa a través de carnicerías y guachinches, asegura que “jamás ninguno de mis animales ha dado positivo”.

“Si incumples, te sancionan, y si eres reincidente, te pueden acabar cerrando la explotación. Arriesgarse es perder tu medio de vida”, sentencia el sector.

Considera una ventaja disponer de su propia fábrica de piensos porque le permite controlar la dieta de su ganado a base de maíz, cebada y soja para que los cerdos adquieran el peso necesario en cada fase de crecimiento.

Exceptuando las cerdas recién paridas y las gestantes a las que se les raciona el pienso para que no se engrasen, el resto come ab libitum (sin límite). Para que el ganado esté holgado en las instalaciones, ha reducido el censo un 30% (15 cerdos por corral) adelantándose así al nuevo decreto que entró en vigor en el mes de marzo de este año y que obliga a reducir el número de animales para disponer de más espacio en las granjas porcinas intensivas.

Woolmington está de acuerdo en invertir en bienestar animal (higiene, salud, alimentación, instalaciones) en las explotaciones, pero critica los criterios poco acertados de normas redactadas por funcionarios que, al no pisar el campo y no consultar a los ganaderos, desconocen el comportamiento animal, la forma de trabajar del ganadero y acaban introduciendo medidas que, a priori, pueden parecer beneficiosas, pero en la realidad resultan perjudiciales para el ganado.

Entre ellas, la obligación de trasladar de jaulas a parques a las madres después de cinco semanas de gestación o la prohibición de cortar colmillos y rabo, prácticas enfocadas a evitar que los animales, al estar juntos y establecer su propia jerarquía, se hagan daño e incluso a impedir el canibalismo entre ellos. Otra propuesta un tanto “absurda”, a juicio de este ganadero, es la de exponer los cerdos a la luz solar cuando “les acaba provocando quemaduras en la piel”.

Su ganado está sometido a un doble control veterinario, dentro de la Asociación de Defensa Ganadera (ADS) a la que pertenece, y el del propio matadero que controla el estado en el que llegan los animales.

Si estos últimos detectan cualquier incidencia se le comunica al ganadero y, en función de la gravedad, se le aplica una sanción económica más cuantiosa que puede incluir la pérdida de la licencia para fabricar pienso o la retirada de las guías sanitarias de transporte, garantía de que la granja está libre de enfermedades y, sin las cuales, el matadero no admite al animal.

En materia medioambiental, Woolmington está participando en dos proyectos pioneros: uno de gestión de residuos ganaderos y otro de mitigación de olores. El propósito es contribuir a la economía circular mediante el aprovechamiento de estos subproductos que deben ser vistos como recursos para la agricultura y, en definitiva, lograr un manejo adecuado que reduzca el impacto de la actividad porcina y evite el rechazo social que genera en muchas ocasiones.

Explotación avícola de gallinas camperas en Gran Canaria.

AVICULTURA

Fulgencio González, presidente de la Asociación de Avicultores de Canarias (Asavican) en Gran Canaria, manifiesta que “los ganaderos somos los primeros interesados en que los animales estén bien porque de su bienestar depende la calidad de nuestras producciones y la rentabilidad de nuestras empresas que aumenta cuando el ganado se encuentra en buenas condiciones, de ahí que seamos muy responsables y exigentes a la hora de producir”.

Recuerda que la cría de gallinas de puesta es uno de los subsectores a los “que más se nos exige”. En el año 2013, la normativa europea obligó a los productores a sustituir los sistemas de producción por jaulas enriquecidas que facilitaran el movimiento de las aves, entre otros aspectos. Tuvieron que realizar cuantiosas inversiones para adaptarse.

Doce años más tarde, la UE exige nuevos cambios. Ahora toca la búsqueda de sistemas de cría alternativos en suelo o en libertad (camperas). Algunos avicultores comienzan a implantarlos de forma paulatina, pero no todos pueden llevarlos a cabo a la velocidad deseada. La escasez de suelo rústico de protección agraria disponible en las islas juega en su contra.

Además de la supervisión veterinaria, que define y aplica los planes sanitarios adaptados a cada explotación, la prevención de cualquier enfermedad se refuerza con el uso de otra herramienta fundamental, la guía de aplicación de Principios de Análisis de Peligros y Puntos de Control Crítico (APPCC) que garantiza la inocuidad de la producción de huevos para que su consumo sea seguro.

Para comprobar su cumplimiento, la Dirección General de Ganadería del Gobierno de Canarias y la Consejería de Medio Ambiente realizan controles periódicos.

“Los ganaderos somos los primeros interesados en el bienestar animal del que depende la calidad de nuestras producciones y nuestra rentabilidad”, Fulgencio González, presidente de Asavican.

González cree que, pese a la exposición pública de prácticas irregulares puntuales que pueden dañar la imagen de un sector que genera economía y empleo, los datos publicados demuestran que el consumo de huevos en Canarias aumenta más de un 15% anual, señal de la confianza de los consumidores en un alimento fresco, rico en proteína, económico y que ha recuperado prestigio después de que varios estudios científicos desvinculen su ingesta con el aumento de colesterol.

En 2023, se produjeron en Canarias 30 millones de docenas de huevos. Este volumen, sumado al resto de producción de España, representa el 13,5% de la producción total de la UE, según apunta el presidente de Asavican.

COCHINO NEGRO Y VACUNO

En la explotación de Blas Manuel González (La Orotava), especializado desde hace más de 30 años en la crianza de cochino negro canario y terneras de aptitud cárnica, la higiene y el confort de las instalaciones junto con la buena alimentación que aporta a sus animales saltan a la vista.

Consciente de que cuanto mejor estén cuidados, mejor será la calidad de la carne, no escatima en atenciones. El ganado se encuentra semi estabulado. Puede salir fuera del recinto siempre que el tiempo lo permita.

“La sensación de libertad les relaja la musculatura, les hace sentir a gusto y eso se nota no solo externamente, en el pelaje aterciopelado, sino internamente, en la calidad y sabor de la carne”, sostiene este ganadero que busca la excelencia, de ahí su esmero.

Gracias a un acuerdo con el Ayuntamiento de La Orotava, González aprovecha los restos de poda triturada, paja y otros materiales procedentes de las limpiezas de las vías públicas para preparar las camas de sus animales (25 terneros y 70 lechones). Este aprovechamiento facilita el tratamiento posterior de los residuos ganaderos para su transformación en compost, otra fuente de ingresos para este productor que cuenta además con carnicería propia.

González, que invirtió hace años en el acondicionamiento de sus instalaciones para poder legalizar su explotación, dice ahora estar recogiendo los frutos de ese esfuerzo. Valora positivamente que los controles sanitarios se hayan vuelto más exigentes.

“Siempre debería ser así porque producimos alimentos y tienen que salir de las granjas cumpliendo todas las garantías de seguridad alimentaria. Mis clientes, muchos de ellos restaurantes, me dicen constantemente que cuando la materia prima es excelente, la elaboración es sencilla porque el producto aporta el 90% de lo que vas a comer”.

“Los controles sanitarios deben ser exigentes porque producimos alimentos y deben cumplir todas las garantías de seguridad alimentaria”, Blas M. González, productor de cochino negro y ternera.

El cochino negro es más caro de producir porque su crecimiento es más lento. Tarda en torno a un año en llegar a los 70 kilos de peso frente a los seis meses que necesita el cerdo blanco.

“Con la coyuntura económica actual no todo el mundo se lo puede permitir, pero, paradójicamente, es el momento en el que al productor se le está pagando a un precio razonable que compensa el trabajo y tiempo invertido”, señala este productor.

Sobre las críticas o acusaciones que recibe el sector en los medios, avivados muchas veces por organizaciones ecologistas y animalistas que suelen ser quienes más invierten en redes sociales, lamenta la doble moral social: “Cuando la gente viaja, les gusta ver vacas sueltas en un prado, pero luego se quejan de tener una explotación ganadera cerca que, por norma general, es anterior a los núcleos urbanos y cuya distancia mínima está regulada por ley para evitar quejas vecinales sobre todo de olores”.

Ordeño de las cabras en la explotación ganadera Caprarius de Fuerteventura. Cedida.

CAPRINO

En Fuerteventura, Rayco Ramos, un joven ganadero (33), propietario de una explotación bajo el nombre de Caprarius, que adquirió en 2022 en el municipio de Pájara, al estar mejor adaptada a las necesidades de bienestar animal de su cabaña formada por 400 cabras, pastorea su ganado dos o tres veces por semana.

Esta actividad forma parte de la rutina que siguen sus animales para poder obtener una producción de leche de calidad que posteriormente será transformada en dos tipos de queso bajo la DOP Queso Majorero.

Al estar totalmente libres, están más relajadas mientras se alimentan de los pequeños pastos que encuentran por el camino, pero dada la escasez, es necesario complementarles la dieta con forrajes y ensilados importados que les aportan los nutrientes necesarios para cubrir todas sus necesidades alimentarias.

Producir bajo el reconocimiento de la protección DOP Queso Majorero implica una exigencia extra para el productor.

Producir bajo el reconocimiento de la protección DOP Queso Majorero implica una exigencia extra para el productor obligado a comercializar un producto con un valor añadido que garantiza al consumidor el origen y el proceso de elaboración del producto, además de mantener la regularidad y originalidad de las características de los productos de la zona geográfica en cuestión, entre otros aspectos.

Ramos recuerda que dedicarse a la ganadería es una actividad profesional como otra cualquiera, “aunque más sacrificada y menos rentable”. En cualquier caso, “merece un reconocimiento porque nos dedicamos a producir alimentos y no un hostigamiento constante”.

Tiene claro que “quien es ganadero es porque le gustan los animales y los va a cuidar porque representan sus ingresos”. Asegura que la mayoría de los productores de caprino de la isla gestionan sus granjas cumpliendo con todas las normativas porque se juegan poder continuar en la actividad si cometen infracciones, pero reconoce que “desde Europa cada vez nos exigen más y no es fácil adaptarse a los cambios teniendo en cuenta la idiosincrasia de nuestro territorio donde legalizar una explotación, no es solo un reto, sino la posibilidad de avanzar y profesionalizarse”.

Análisis de muestras en un laboratorio agroalimentario en Tenerife. Archivo.

LOS VETERINARIOS LAMENTAN EL MALTRATO A LOS GANADEROS Y EL MENOSPRECIO A SU PROFESIÓN

Sherezade Sigut, veterinaria especializada en avicultura de puesta, responsable del control y asesoramiento a explotaciones de Canarias y la Península, opina que los medios de comunicación y en algunas administraciones públicas se menosprecia a la profesión que ella y el resto de sus compañeros ejercen, sin la cual no se podría garantizar el suministro de alimentos sanos, seguros y de calidad.

“Como en cualquier actividad económica, puede haber algún productor que incumpla, pero es injusto poner el foco sobre todo un sector con informaciones no siempre contrastadas que buscan más la viralidad en las redes sociales y terminan por hacer daño no solo al consumo de productos ganaderos, sino a la imagen del sector y del colectivo veterinario”, sostiene Sigut.

El trabajo de los veterinarios está alineado con el concepto de “One Health” (Una sola salud) que, siguiendo los principios europeos, va encaminado a mejorar la salud animal, humana y medioambiental.

Los avances logrados en la erradicación de enfermedades zoóticas son el resultado del control exhaustivo que imprimen estos profesionales a las cabañas ganaderas, de ahí la demanda de recuperar el Reglamento (UE) 2019/6 de Parlamento y Consejo Europeo de 2018, más flexible que el actual.

Con ello quieren evitar que las restricciones en el uso de antibióticos puedan acarrear un aumento de las infecciones y poner en peligro la vida de los animales, la salud pública, y la viabilidad de las explotaciones.

Los avances en la erradicación de enfermedades zoóticas son el resultado del control exhaustivo de los veterinarios en las cabañas ganaderas.

Sigut recuerda que la ganadería en Canarias no tiene nada que ver con la ganadería de los países terceros con estándares de seguridad alimentaria, bienestar animal y condiciones medioambientales más laxas que las europeas. Sin embargo, ni los medios, ni los colectivos anti ganadería ponen el grito en el cielo cuando consumen productos de estos orígenes a precios muchos más bajos.

En adelante, la labor de estos profesionales se encaminará a superar los nuevos desafíos del sector agroalimentario donde se entremezclan aspectos tales como la producción ecológica, la digitalización y la sostenibilidad, en definitiva, producir más y mejor con menos recursos.

El sector ganadero, por su parte, tiene claro que para lidiar con este tipo noticias negativas, hace falta contar con una voz fuerte capaz de transmitir una información transparente y ofrecer una respuesta adecuada en cada nueva crisis que se abra.

Eso implica unión, un término que sigue generando rechazo entre los ganaderos de Canarias por una cuestión de desconfianza histórica, pero que en algún momento habrá que retomar. Romper con este hándicap debe ser el primer paso para explicar a la sociedad cómo funciona el sector realmente y poner en valor lo bien que se está trabajando y del que poco se habla.

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