Piden espacio físico para crecer, menos burocracia, mejoras en las ayudas del POSEI que abaraten costos y más promoción para aumentar la demanda dados los beneficios nutricionales de este producto.
El sector cunícola en Canarias, especializado en la cría y producción de carne de conejo, ha experimentado una vertiginosa caída en las últimas décadas provocada por factores estructurales, económicos, de mercado y normativa. Las estadísticas oficiales del periodo 2000-2025 cuantifican una pérdida del 94% del censo frente a otros subsectores como el caprino, ovino, bovino o porcino que también se contrajeron sin llegar a rozar el 40%. La cabaña actual, concentrada en manos de unas pocas explotaciones intensivas, está formada por algo menos de 20.000 animales, una novena parte de los más de 185.000 existentes a principios de este siglo. El dato, aunque negativo, no refleja el sentir de los productores convencidos de que es “posible aumentar la oferta para atender a una demanda local que valora este producto por su peso en la gastronomía isleña”, matizando “siempre y cuando se atienda a sus necesidades”.
La cabaña de conejos se desploma un 94%. Solo quedan cuatro explotaciones en intensivo en el Archipiélago.
Daida Ramos, representante del sector cunícola en la mesa ganadera del Gobierno de Canarias, además de propietaria en Tenerife (polígono agroindustrial de Güímar) de una de las cuatro granjas tecnificadas existentes en el Archipiélago, prioriza la disponibilidad de espacio físico para poder ampliar las instalaciones y aumentar el número de madres; la flexibilización de la burocracia para que la tramitación de los permisos por obra mayor no se eternice entre las distintas administraciones (local, insular y regional) y acabe desincentivando las inversiones, entre otros papeleos que roban tiempo de producir, así como el aumento de las cuantías percibidas de los fondos POSEI a la importación y al consumo de carne hasta completar la ficha asignada en aras de aliviar los costes de producción de los ganaderos al alza por el elevado precio de los piensos importados.

Las granjas cunícolas en el Archipiélago, ubicadas principalmente en Tenerife, Gran Canaria y La Gomera, se enfrentan al igual que el resto de la ganadería a un territorio gobernado por un urbanismo feroz que se alimenta cada vez de más suelo y termina por arrinconar a una actividad empresarial que, pese a su potencial como suministradora de alimentos, despierta recelos entre la población por los olores o la generación de subproductos. El sector confía, no obstante, en que la actualización de la Ley del Suelo de 2017, en trámites, junto con la futura aprobación de las Directrices de Ordenación de Suelo Agrario (DOSA), modifique el criterio dispar entre administraciones de diferente ámbito a la hora de determinar si un terreno está disponible o no para uso ganadero en función de donde se quiera implantar la explotación. Este matiz es una de los puntos claves para impulsar el relevo generacional y evitar la desaparición de las instalaciones existentes interesadas en ampliar.
El elevado coste de producción de la carne de conejo en las islas, en comparación con otras regiones productoras de la Península, se debe principalmente a una cuestión de logística, derivada de la ultraperiferia, y a una menor capacidad de maniobra financiera de las explotaciones dado su pequeño o mediano tamaño. A la importación de inputs (reproductores, equipamiento de las instalaciones, medicamentos y materias primas para la alimentación del ganado) hay que sumar transporte y gestión. Por ejemplo, adquirir reproductores conlleva el abono de tasas de aeropuerto, seguridad, manipulación, aduana e impuestos, transacciones que los productores intentan abaratar agrupando los pedidos.
La alimentación del ganado representa más del 60% de los costes de producción. En lo que va de año acumula una subida de entre el 4 y 5,6% desde el inicio del conflicto en Oriente Medio por el aumento del precio en los fletes y el gasóleo, según señala el presidente de Cereales Archipiélago, Enrique Ayra. El 40% restante se destina al pago del agua, luz o transporte y una parte de ahorro para imprevistos por si se estropea la ventilación o parte del equipamiento. Las granjas cunícolas en Canarias están obligadas por norma a contar con climatización para evitar el estrés térmico en el ganado sobre todo en periodos de calima y altas temperaturas.
La optimización de las instalaciones ha sido una de las prioridades que ha acometido el cunicultor, Varida Bolaños, en su Finca Miguelito de Titularidad Compartida de Explotación Agraria (TCEA), en el municipio de Ingenio (Gran Canaria). La actividad, gestionada junto a su esposa desde hace una década, permite la cría de una cabaña de 800 productoras, además de animales en distintas fases de crecimiento. En este tiempo también ha mejorado el método de trabajo y la organización de la granja con un único objetivo en mente: “ofrecer una carne de calidad y hacer que la explotación sea cada día un poco mejor. En esta profesión nunca se deja de aprender”. Reconoce que “han sido años de mucho trabajo y aprendizaje. Como cualquier explotación familiar, hemos pasado momentos buenos y otros más complicados, pero siempre con la idea de seguir adelante”.
EL PESO DE LA NORMATIVA
El director de Ganadería del Gobierno de Canarias, Andrés Díaz Matoso, achaca al impacto de la prohibición del uso de antibióticos preventivos en piensos destinados a animales de granja, tras la entrada en vigor en 2022 del Reglamento (UE) 2019/4, parte del descenso de la cabaña de conejos en las islas. La aplicación de esta normativa obliga a que, ante la detección de cualquier enfermedad o virus, sean los laboratorios acreditados (la mayoría con sede en la Península) los encargados de realizar un diagnóstico exhaustivo para poder proporcionar un tratamiento adecuado al ganado. Teniendo en cuenta el delicado aparato digestivo del conejo, esta obligación puede retrasar, entre dos y tres días, los resultados de la diagnosis y desencadenar, mientras se espera, una elevada mortalidad en una cabaña ganadera ya de por sí frágil y tradicionalmente minoritaria en el Archipiélago. “Ante la incertidumbre, muchos productores han optado por apartarse del sector”, sostiene Díaz.
La prohibición del uso de antibióticos preventivos en piensos ha tenido un impacto negativo en el sector.
Dada la preocupación generada, señala el director de Ganadería, “este asunto se abordó con el sector cunícola nada más entrar en esta legislatura y, desde la mesa ganadera mostramos nuestra predisposición para estudiar la situación e intentar buscar soluciones con el foco puesto en la recuperación y la mejora de una ganadería tan apreciada por su carne y con un mercado que puede resultar interesante como lo fue antaño”. En adelante, informa el Ministerio de Agricultura en una nota, preocupa también el impacto socioeconómico que la futura normativa comunitaria sobre bienestar animal —especialmente en lo relativo al transporte y a la cría en granja— podría tener sobre la viabilidad del sector cunícola. En este sentido, si la transición hacia la eliminación total de las jaulas no contempla una excepción sectorial prioritaria y adaptada, el tejido productivo podría enfrentarse a ciertos desajustes operativos y a una compleja reestructuración interna que afectaría notablemente al crecimiento del sector.
RESCATE
De las 115 explotaciones ganaderas que registran las estadísticas oficiales en Canarias en 2025, la gran mayoría son de autoconsumo o pequeñas producciones, según aclara Díaz. Solo quedan cuatro granjas en intensivo. Esta exigua presencia magnifica el desplome del sector y lo sitúa al borde de la desaparición a menos que se actúe con rapidez en su recuperación.
La reactivación depende de una estrategia de engranajes donde cada administración debe aportar compromisos. Las campañas de sensibilización, propuestas por el Ministerio de Agricultura, para animar al consumo entre la población joven dados los beneficios nutricionales de esta carne que puede ser consumida diariamente por su bajo contenido en grasa, puede ser parte de la solución, pero hasta el momento se desconoce cuándo se activarán y si su efecto se traducirá en una respuesta positiva. Si se consigue, el objetivo sería prolongarlas en el tiempo para que realmente apuntalen la demanda.
El consumo de carne de conejo en el país ronda los 0,53 kg per cápita con un descenso en los hogares del 4,4% en 2025. Entre las comunidades más consumidoras, se sitúa Navarra, con 0,9 kg per cápita. Canarias, con 0,4 kilos por individuo, se encuentra por debajo de la media, según los datos oficiales. Sin embargo, el arraigo de este producto en las recetas tradicionales de las islas ligadas sobre todo a establecimientos de restauración como los guachinches sigue siendo “alto” y constituye un pilar de la gastronomía canaria.
Un trabajo de las dos universidades canarias titulado “Estructura productiva del sector cunícola en Canarias” cifraba en un 75% el nivel de autoabastecimiento de la carne de conejo a finales de la década de los años 90. En 2020, un informe de la ULL sobre “El grado de autoabastecimiento alimentario de Canarias” rebajaba el porcentaje hasta el 12,5%, último dato conocido hasta el momento.
Para los cunicultores canarios es importante seguir promocionando las producciones locales educando al consumidor y aprovechando la buena aceptación que siempre ha tenido este alimento en las islas para que tenga una mayor salida comercial. En este sentido, piden una buena colaboración entre administraciones, organizaciones agrarias y sector para implementar acciones en conjunto de manera coordinada.
El planteamiento de la Dirección de Ganadería es actuar con una serie de medidas que ayuden a rescatar al sector. La propuesta pasa por encuentros con productores para cambios en el manejo del ganado programando partos entre semana para que puedan disponer de algo más de tiempo libre; la mejora de las líneas del POSEI, ya sea al consumo o a la importación de animales reproductores (madres o abuelas); la búsqueda de soluciones al retraso en los resultados de las analíticas o la comercialización de las producciones. Recuerda Díaz que la importación de carne de conejo procedente de la Península también ha jugado en contra del crecimiento del sector local por una cuestión de precio.
Ganadería propone cambios en el manejo del ganado y buscar soluciones al retraso en los resultados de las analíticas para evitar la mortalidad de la cabaña.
Si bien las normativas de ordenación territorial, el incremento de los costes de producción y la burocracia higiénico sanitaria han ido expulsando a muchos productores de la actividad, el sector cree que “hay motivos para confiar en el futuro porque el consumidor valora cada vez más la calidad del producto local y existe una cultura de consumo de carne de conejo que debemos aprovechar”. Y añaden, “si seguimos modernizando las explotaciones para que sean viables y se apoya a quienes apostamos por este sector, reduciendo la carga administrativa, la cunicultura en Canarias podrá seguir creciendo”.


