La Palma irrumpe en la emergente industria aceitera de Canarias bajo etiqueta ecológica

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Mi Olivar – Refugio del Mar, Mejor Aceite de Oliva Virgen Extra de Canarias 2026 y Gran Medalla de Oro, busca la diferenciación con un producto más puro, sano, sostenible y rentable. Su almazara, la única de las islas abastecida solo con fotovoltaica.

Optar por el cultivo ecológico del olivo en La Palma es, por una cuestión medioambiental, de salud y por la norma de sostenibilidad que rige a las islas verdes, una vía diferenciadora para posicionarse en el mercado, competir en términos de calidad, no de cantidad, además de rentabilizar un proceso productivo más exigente. Bajo este modelo transformador de la agricultura, la explotación agroturística Mi Olivar – Refugio del Mar (Puntagorda), ha situado a la isla en el punto de mira de la industria aceitera canaria emergente tras recibir el premio al Mejor Aceite de Oliva Virgen Extra Ecológico de Canarias 2026 y ser distinguida con la Gran Medalla de Oro en la novena edición del Concurso Oficial de Agrocanarias donde compitieron 21 muestras.

Explotación agroturística Mi Olivar- Refugio del Mar que cuenta con 1.600 olivos. Cedida.

Surgida en el año 2020, la finca cuenta actualmente con 1.600 olivos de las variedades Arbequina, Picual y Arbosana, entre otras, plantados sobre una superficie de 40.000 metros cuadrados que rodean a un conjunto de tres viviendas destinadas al turismo sostenible. Para la producción del aceite, prensado en frío, disponen de una almazara propia alimentada con paneles fotovoltaicos que permite el funcionamiento de los equipos, convirtiéndose así en la única instalación del Archipiélago que se autoabastece únicamente de energías limpias a través de placas fotovoltaicas sin conexión a la red eléctrica. Además, la fábrica, al estar ubicada en la misma plantación, está alineada con el concepto de kilómetro cero y baja huella de carbono al acortarse las distancias entre la recogida de la aceituna y su proceso de transformación.

Sobre el reconocimiento a la calidad de este aceite otorgado por el jurado del certamen, organizado por la Consejería de Agricultura del Gobierno de Canarias y el Instituto Canario de Calidad Agroalimentaria (ICCA), Manuel Álvarez von Zerboni di Sposetti, propietario de la finca y maestro de almazara, reconoce que las analíticas apuntaban alto, por lo que “confiábamos en obtener un buen resultado”. Sin embargo, añade, “no esperábamos dos distinciones. Nos ha sorprendido gratamente, aunque sabíamos que competíamos con un producto estupendo de mucha calidad con características especiales”.

“No esperábamos dos distinciones, aunque sabíamos que competíamos con un producto de mucha calidad con características especiales”, Manuel Álvarez von Zerboni di Sposetti, maestro de almazara.

Dedicarse al cultivo del olivo en ecológico en La Palma, un territorio frágil al igual que el resto del Archipiélago por cuestiones de lejanía, insularidad y fragmentación del territorio, enfrenta varias dificultades de índole estructural: escasez de suelo, pronunciadas pendientes que exigen abancalamiento para retener el agua de riego, menor rentabilidad si se compara con los bajos costes en otras regiones productoras como Andalucía con extensas explotaciones, trámites de aduanas e impuestos a la hora de exportar que limitan el crecimiento de la actividad, además de una mayor exigencia en el proceso productivo teniendo en cuenta que la certificación ecológica prohíbe el uso de fertilizantes y fitosanitarios de síntesis.

La fertilización orgánica, mediante la aplicación de estiércol de caballo procedente de ejemplares que emplean en la finca para el disfrute de los visitantes, además del control de las plagas con insecticidas biológicos o trampas de feromonas son dos de las tareas más laboriosas en opinión de Álvarez. Compensa, no obstante, la posibilidad de acceder a un nicho de mercado algo más exclusivo con consumidores dispuestos a pagar una diferencia por consumir un producto más puro y de alto valor nutricional, al conservar una mayor riqueza de antioxidantes y polifenoles naturales, vinculado a la protección del entorno y a un uso eficiente de recursos tan limitados como el agua.

Sobre las comparativas con otras producciones foráneas, el propietario de la marca subraya “estoy totalmente convencido de que un buen aceite de oliva extra virgen producido en Canarias se encuentra al mismo nivel de calidad que cualquier otro producido en la Península porque la combinación entre las características del suelo volcánico, el clima suave y el proceso artesanal de la producción aportan cualidades organolépticas muy valoradas en los certámenes que se organizan anualmente tanto dentro como fuera de las islas”.

De cara al futuro, el planteamiento de este productor, que comercializa su aceite en los mercados locales de La Palma y espera poder exportarlo próximamente al resto de las islas, es alcanzar la plenitud en el rendimiento de los olivos. A partir del quinto año desde su plantación, las cosechas comienzan a ser notables e irán aumentando exponencialmente hasta que los árboles cumplan una década de vida siempre teniendo en cuenta un factor incontrolable como es la climatología. Esto le permitirá disponer de una mayor oferta a la que espera incorporar un coupage, mezcla de diferentes variedades de aceitunas para aunar las virtudes de cada una de ellas y obtener nuevos sabores y aromas.

Elaboración ASAGA Canarias ASAJA. Fuente: Datos ISTAC.

UN CULTIVO EN CONSTANTE AVANCE

Según las estadísticas oficiales del Gobierno de Canarias, la superficie agrícola destinada al cultivo del olivo en 2024, último año con registros, cubre prácticamente 500 hectáreas. Esto supone más del triple de las 160 hectáreas existentes en 2014. Por islas, Fuerteventura (165,5 Ha.), Gran Canaria (148,8 Ha.) y Tenerife (109,9 Ha.) encabezan el avance de este frutal. La Palma, con 24,4 hectáreas se sitúa en quinto lugar por detrás de Lanzarote (42 Ha.).

Elaboración ASAGA Canarias ASAJA. Fuente: Datos ISTAC.

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