SAT Izaña, empresa agrícola dedicada a esta y otras hortícolas, conjuga tecnificación, digitalización y control biológico para producir de manera más eficiente, ahorrando en costes y recursos.
Dedicarse a la agricultura profesional no implica solo cultivar y cosechar. El proceso exige monitorear, analizar, diagnosticar, aprovechar los recursos naturales y cavilar constantemente para encontrar soluciones eficientes a cualquier problema emergente. Bajo esta metodología, Elías Marrero, que además de delegado del Colegio Oficial de Ingenieros Agrónomos de Centro y Canarias en Santa Cruz de Tenerife es el director técnico de SAT Izaña (Güímar), especializada en la producción de fresas entre otra amplia gama de hortícolas destinadas al mercado local, ha logrado convertir a esta empresa agrícola en una de las más innovadoras y prósperas de Tenerife conjugando tecnificación, digitalización y control biológico.
SAT Izaña cuenta con una superficie aproximada de 100 hectáreas en total entre cultivos al aire libre e invernadero, donde destaca la fresa (planta de la familia Rosaceae al igual que el peral, melocotonero o ciruelo) bajo un sistema hidropónico y produce 600.000 kilos al año. En formato comercial suponen en torno a 2,4 millones de tarrinas de 250 gramos cada una. Al cultivarse sin suelo y en sustrato de fibra de coco, con fertirrigación controlada mediante bombas dosificadoras y programadores que aportan agua y abono a la planta, el fertirriego es más preciso. El sistema permite controlar además de volumen, pH y conductividad en tiempo real lo que supone un ahorro y mejor aprovechamiento de los recursos hídricos, teniendo en cuenta que el drenaje se emplea posteriormente para regar hortalizas menos exigentes en calidad de agua.
Cría de depredadores naturales, mantas térmicas, placas cromáticas adhesivas, feromonas, plantas reservorio y banker se integran en estrategias de control frente a las plagas.
Producen fresa durante todo el año combinando dos tipos de plantas según su respuesta al fotoperiodo —la duración del día—, un factor determinante para la floración: las de día corto y las de día neutro. Las primeras, se plantan en otoño, con producciones que van aproximadamente desde enero a final de junio, mientras que las segundas, se utilizan como contraestación para cerrar el ciclo produciendo frutos de forma continua sin depender del fotoperíodo. A diferencia de las importadas desde Huelva, las producidas en Canarias, se caracterizan por su frescura, sabor y durabilidad en postcosecha, cualidades demandadas por el consumidor local.

Existen dos partes clave para la propagación de la planta: los aquenios y los estolones. Los primeros son esas pequeñas pepitas incrustadas que cubren la superficie carnosa de la fresa. Botánicamente son los verdaderos frutos, dentro se encuentra la semilla que aporta variabilidad genética y se emplea en programas de mejora genética para obtener nuevas variedades. Los segundos son los tallos rastreros, que actúan como herramientas de clonación, empleados en la producción comercial una vez definida la variedad a propagar. Importante saber que, los frutos, si no se desarrollan bien por una mala polinización, acabarán dando una fresa deforme o “catface”, inservible para su comercialización.
Batería de medidas para el control de plagas
Mantener trips, pulgones, mosca blanca o polilla del tomate, entre otras plagas, a raya en la explotación, no es tarea fácil. Para controlarlas y evitar que afecten al desarrollo de los cultivos y a la calidad de los frutos, Marrero emplea una batería de medidas combinando setos de plantas como el balo Plocama pendula Aiton o el aliso Lobularia maritima (L.) Desv. que sirven de alimento o refugio a depredadores naturales como los chinches del género Orius spp., mantas térmicas a modo de barreras físicas, placas cromáticas adhesivas (negras y amarillas) atrayentes de insectos perjudiciales, feromonas, extractos que hacen función de repelente e incluso cultivos de cereales con pulgón específico (plantas banker) entre las cucurbitáceas como el calabacín para atraer parasitoides y depredadores que se alimentan de los áfidos propios de las gramíneas e indirectamente de los pulgones del calabacín.
Los trabajadores de SAT Izaña reciben incentivos por cosechar más y mejor. “Ganamos en productividad y somos más eficientes”, sostiene Marrero.
“Trabajar con estos métodos de control biológico exige estudio y dedicación para conocer el comportamiento de los insectos beneficiosos, pero también representa una estrategia eficiente en la agricultura moderna que nos ayuda a diseñar protocolos de prevención que nos permitan mantenerlas bajo control antes de que afecten al cultivo”, sostiene Marrero.

Plus de productividad
Trabajar en una explotación con las dimensiones de SAT Izaña, que cuenta con plantillas numerosas (en ocasiones puede superar los 400 empleados), implica aplicar criterios de rendimiento exigentes para que toda la cadena de producción funcione a la perfección. Mediante un capataz o a través de un código QR individual se mide el volumen cosechado por cada operario y, en función de los kilos, se le aplica un plus de productividad. Los incentivos buscan fomentar un mayor rendimiento, manteniendo el cuidado en las labores y contribuyendo, de esta manera, a optimizar los costes fijos de la empresa. «Con este sistema premiamos el esfuerzo y reconocemos a los trabajadores más productivos, incentivando que las labores se realicen de forma más eficiente y cuidando siempre la calidad del trabajo», matiza el director técnico.


