Javier Palenzuela, director general de COPLACA: “debemos enfocarnos en obtener buenos precios de retorno para evitar el abandono y sobrevivir a la presión de la banana”.
La superficie de cultivo (De 8.986 a 8.631 Ha.) así como el número de productores de plátano en Canarias (De 7.849 a 7.032) presentan una leve reducción (entre un 4 y un 10,5%, respectivamente) en la última década. Los datos publicados en los anuarios de Asprocan en 2016 y 2026 ponen de manifiesto la robustez estructural de la principal actividad exportadora de las islas, aunque no siempre sea sinónimo ni de armonía interna, a tenor de la crisis vivida con la PNL que reasigna las ayudas limitando el volumen producido por hectárea, ni de rentabilidad. Los vaivenes climáticos recientes, bien por altas temperaturas o fuertes vientos, provocaron superproducciones como la de 2023 con más de 467.000 toneladas o mermas de hasta un 12% de cosecha en 2025 cuando no se superaron las 374.000 toneladas, la tercera más baja del periodo. Dos situaciones opuestas traducidas en márgenes de ganancias muy dispares para el agricultor.
Javier Palenzuela, director general de Coplaca OPP, la organización de productores con la mayor cuota de producción de Plátano de Canarias (30% del total), calificó de “anómala” la tendencia alcista experimentada por los precios en 2025, tanto en origen como en destino, y apuntó a la elevada siniestralidad como la causante de los 16 millones de kilos en pérdidas que dejó la borrasca Dorothea (diciembre de 2024), diez de los cuales pertenecientes a esta entidad comercializadora. Con una menor oferta de fruta, las cotizaciones se dispararon, justo lo contrario de lo ocurrido en 2023, lo que resultó “positivo” para el productor, que llegó a percibir de media entre 1,20 y cerca de 1,60 euros el kilo, pero no tanto para el consumidor que terminó pagando más de 2,50 euros el kilo en las islas o 3,50 euros el kilo en la Península si quería consumir el producto nacional.
El volcán de La Palma y la transformación del sector en comunidades de bienes, posibles causas de la ligera bajada en superficie de cultivo y número de productores.

Este año 2026, sin embargo, los precios han entrado en modo estabilización sin demasiados sustos para el productor. En el mes de abril, se podía adquirir Plátano de Canarias a una media de 1,45 euros por kilo, cuantía que deja en el campo 80 céntimos por kilo producido y comercializado. Una remuneración que, en opinión de Palenzuela, “permite cubrir los costes de producción una vez sumada la ayuda compensatoria de 33 céntimos por kilo procedente del POSEI”. Esta medida específica de apoyo a la producción agraria de las Regiones Ultraperiféricas (RUP), como señala el informe del Tribunal de Cuentas Europeo, ha contribuido a “mantener la competitividad de esta actividad y a cubrir el déficit de beneficio que percibe quien produce”, pese a esas ligeras variaciones en el número de productores y la superficie de cultivo.
El director general de Coplaca OPP considera importante matizar que esa disminución puede responder a dos causas. Por un lado, a las pérdidas de fincas que quedaron sepultadas tras la erupción del volcán de La Palma en 2021, por otro, a la conversión de las pequeñas explotaciones familiares en comunidades de bienes, un síntoma del elevado minifundismo agrario que caracteriza a Canarias. Con esta figura jurídica no solo se conserva la propiedad de la tierra, evitando dividirla físicamente en parcelas por cuestiones de herencias, operando como una unidad única productiva, sino que resulta más rentable para poder hacer frente a los elevados costes de producción y a la presión de la banana de importación que va comiendo terreno al Plátano de Canarias en momentos de bajadas de producción.
Para Palenzuela, “teniendo en cuenta que no podemos competir con la banana, por una cuestión de volúmenes, debemos enfocarnos en buscar estrategias para adaptarnos y sobrevivir y, la mejor forma, es lograr buenos precios de retorno para que el productor no abandone”. Y añade: “hablar de cuotas de mercados es una distracción, el sector prefiere menos presencia de plátano en los puntos de venta y mayor rentabilidad para poder mantenerse de manera sostenida en el tiempo”.
Identificación del producto
Sobre el trabajo que está llevando el sector platanero de Canarias para cumplir con las normas de presentación en los puntos de venta, caja, flow pack, encintado y expositor con el fin de identificar de manera homogénea la fruta de las islas y no confundir al consumidor, el director general de Coplaca OPP cree que “se está logrando una mejor identificación del producto para demostrar que el plátano canario es un producto diferente que cuenta con un sello de calidad como la IGP”, pero aclara que “en el mercado peninsular cada cliente es distinto y cada uno quiere el plátano con una presentación y una colocación distinta y ahí es donde radica la dificultad”. En cualquier caso, “nuestro trabajo debe ser inculcar a las cadenas de supermercados el modelo para que esa identificación sea correcta”.
Coplaca OPP, que aglutina a 3.000 productores, 21 empaquetados y cuenta con una superficie de cultivo superior a las 2.700 hectáreas, es la única de las seis organizaciones de productores que de momento ha conseguido que todas sus cooperativas y empaquetados sean identificadas con la misma caja y la misma marca, resultado de una labor de años. “Nuestra organización no solo gestiona ayudas, producimos bajo unas normas de calidad y con un mismo precio. Las diferencias entre cooperativas están en el código de barras. Creemos en este modelo que en los inicios fue motivo de discusión, ahora ya no”.

“Debemos inculcar a las cadenas de supermercados el modelo de identificación del plátano de Canarias para que sea correcta”, Javier Palenzuela.
El efecto inflacionista del conflicto en Oriente Medio
Cualquier conflicto internacional, con origen en Estados Unidos, desata una ola de consecuencias económicas de alto impacto que acaba golpeando duramente a todos los sectores. El del plátano no se libra. Su dependencia de inputs como los combustibles, la energía y el transporte marítimo mantienen en constante alerta a los productores. Los precios están subiendo de forma disparatada y los fletes ya son un 20% más caros que antes del comienzo de la guerra de Irán. A este porcentaje se suman el coste de los insumos como fertilizantes o fitosanitarios que también se incrementan y lo seguirán haciendo mientras no acabe la contienda y se abra el estrecho de Ormuz.
Cubrir el coste real del transporte marítimo de mercancías es una de las reivindicaciones históricas del sector platanero. Actualmente, solo está cubierto algo más del 70% con un soporte financiero de 20 millones de euros, pero resulta “insuficiente”. Los productores estiman que la cuantía debería aproximarse más a los 30 millones para poder compensar el tránsito de trasladar la fruta desde el Archipiélago hasta el mercado peninsular. Llevan años de negociaciones con el Ministerio de Fomento para lograr que tanto la cuantía como los conceptos subvencionables sean los adecuados para el plátano. De momento, sin éxito.


