La producción de leche de vaca en Canarias aumenta un 12% en cinco años. La transformación digital, los cambios en el manejo de la explotación, la formación del ganadero y la selección de animales más productivos y sanos dan su fruto.
La producción de leche de vaca en Canarias se incrementó un 12% entre los años 2020 y 2025, pasando de las cerca de 46.000 a las más de 51.000 toneladas anuales, según los registros del Gobierno autonómico. Este repunte, a juicio del ganadero, José Manuel Medina, administrador de Agropecuaria Furel (La Aldea de San Nicolás, Gran Canaria) con cerca de 2.000 cabezas destinadas principalmente a explotación lechera, puede responder a la suma de un conjunto de factores: tecnología, formación, manejo y genética que han mejorado significativamente el modo de trabajar con el ganado para garantizar su seguridad, bienestar y productividad. Sobre estos pilares se apoya el cambio estructural de este sector cada vez más modernizado y profesionalizado que aspira a ser rentable.
Cuesta pensar que una explotación ganadera, sobre todo cuando se trata de una instalación de gran envergadura, pueda responder a las demandas actuales del mercado y cumplir con las exigentes normativas europeas en materia de calidad, seguridad alimentaria, bienestar animal y protección medioambiental sin estar tecnificada y, sobre todo, sin la disponibilidad de datos. El uso, por ejemplo, de crotales electrónicos con chips incorporados, collares o podómetros (que registran todos los movimientos del animal y analiza sus hábitos) aportan información continua y precisa a tiempo real para monitorear la producción, salud, estado cíclico, celos partos y trazabilidad del rebaño. Información que permite, entre otras cuestiones, adelantarse a cualquier posible crisis y prevenir, algo que antes, sin el uso de estas herramientas, no sucedía.
El uso de crotales electrónicos, collares o podómetros ofrecen información continua y precisa a tiempo real para monitorear la producción.

“Es como si la vaca nos hablara en todo momento gracias a estos dispositivos”, manifiesta Medina. Dados los buenos resultados de este seguimiento, su previsión es seguir tecnificando incorporando poco a poco otros sensores como el de temperatura corporal que permite detectar cambios de comportamiento del animal o enfermedades, rascadores automáticos para el entrenamiento del ganado, uso de música ambiental que alivia el estrés y mejora la producción de leche o la geolocalización que rastrea los movimientos del rebaño.
La tecnificación y automatización de los procesos productivos ha supuesto un revulsivo para el sector lácteo bovino, uno de los más estudiados del mundo animal por su impacto en la alimentación humana. La inclusión de estos sistemas ha optimizado los resultados. Ahora son más eficientes, reducen costos, simplifican labores diarias y aportan viabilidad económica y productiva a la empresa, pero desde el sector subrayan, la transición ha supuesto no solo un desembolso económico importante sino también un cambio de mentalidad.
Ya no vale solo con ser hijo o nieto de ganadero y tener experiencia para entrar en el sector, al productor se le exige estar constantemente formado porque la adaptación a los nuevos tiempos es fundamental para poder seguir prosperando y no claudicar como ha ocurrido con las más de 300 granjas que han desaparecido en la última década en el Archipiélago. Los altos costes de producción, la fuerte dependencia externa de los forrajes, los bajos precios en origen (apenas han subido 10 céntimos en la última década estableciéndose actualmente en 0,62 euros el litro) o la falta de relevo generacional, entre otros condicionantes negativos, han asfixiado a muchas empresas ganaderas que han terminado por rendirse. Resisten algo más de 600 (606 para ser exactos), más del 50% repartidas principalmente entre Tenerife y sobre todo Gran Canaria, según las estadísticas oficiales, donde se concentra el mayor peso del sector vacuno lechero.
El cierre de ganaderías en Canarias, a juicio del administrador de Agropecuaria Furel, “es por la falta de estructuración, compatibilidad, preparación y capacidad de sacrificio antes del resultado”. Considera que “venimos de un sector un tanto romántico y familiar que ha dado paso a un sector, más preparado, más tecnificado y con mayor productividad”. Se niega a pintar “un panorama apocalíptico” y pide “adaptarse y luchar” rodeándose de buenos asesores técnicos, veterinarios y conocedores de la materia. Propone “apalancarse, en su justa medida, en la industria que necesita de nuestra materia prima, en los bancos con planes de viabilidad y en las instituciones con subvenciones a proyectos reales y viables”.

Medina tiene claro que “la constancia y la superación llevan al éxito empresarial. La ganadería es una empresa. Querer poder revertir la situación depende de cada quien. Quiero ser optimista y sé que aquí no acaba el sector. Es restructuración cíclica necesaria, hay que adaptarse a los tiempos, siempre digo, que el tren te coja en la parada, no haciendo las maletas”.
Pese al cierre de las granjas y la disminución en el número de ganaderos dedicados a la actividad lechera que se rebaja en un 38% al pasar de 117 a 73 en las islas, según un informe elaborado por el Ministerio de Agricultura sobre la Estructura del Sector Vacuno en España entre 2020 y 2024, se detecta el mantenimiento del censo en el periodo analizado de algo más de 6.000 cabezas con un ligerísimo aumento (1%) apenas perceptible, el rendimiento por vaca crece el 7% e igualmente lo hace el tamaño de las explotaciones, que asciende de 52 a 84 cabezas (61%), liderando el porcentaje más alto de España muy por encima de la media (18%).
Este crecimiento responde también a las mejoras genéticas aplicadas a la especie gracias los programas de selección que permiten potenciar los caracteres más interesantes desde el punto de vista productivo. Para llevarlos a su máximo nivel, es necesario además adecuar la alimentación del ganado en cantidad y calidad al momento productivo en el que se encuentren y que sean explotados en condiciones óptimas de bienestar animal.
En cuanto al apoyo económico al sector vacuno de leche, a través del Programa de Ayudas a las Producciones Agrarias de Canarias (POSEI), se mantiene en tres líneas: a la reposición con novillas nacidas en las islas, a la producción láctea de origen local, así como a la industria láctea y al productor de leche de vaca. El sector las considera “escasas”, pero califica de “acertadas” las que premian la productividad, vinculadas directa o indirectamente con el mayor rendimiento empresarial por el uso de tecnología, formación, manejo y genética.
Los ganaderos profesionalizados piden al sector “adaptarse y luchar” rodearse de asesores técnicos, apoyarse en la industria, los bancos y las instituciones.
Huella en el entorno
Proyectos empresariales como Agropecuaria Furel dejan huella en el tejido económico, social, agronómico y sostenible del municipio grancanario. “El impacto es positivo, así lo entiendo”, manifiesta Medina. Explica que la reconversión de cultivos hidropónicos a cultivos en suelo más ecológicos que requieren de materia orgánica (compost a base de estiércol de vaca) está dando paso a tierras más productivas. La explotación ha permitido además generar empleo al ofertar puestos de trabajo estables, cercanos, de calidad y con posibilidad de superación, así como ofrecer a los consumidores “productos de cercanía, de mayor calidad y menor huella de carbono. Podemos asegurar que nuestra leche o mejor dicho la de nuestras vacas, antes de las ocho horas, está envasada o transformada, lista para su consumo… más frescura imposible”.

Para este empresario, el sector vacuno “goza de salud, presente y futuro”. Argumenta su opinión en que “hay más vacas que nunca, son más productivas, están mejor cuidadas, dotadas de una genética mejorada y una mayor especialización, también hay un nicho de negocio para el ganado a otra escala con las romerías, exposiciones y ferias”. Sostiene que “el ganadero que se queje es que no ha sabido o podido adaptarse a los tiempos, y se esperan al último momento para hacerlo, normal que muchos caigan”. Lejos de ser pesimista, desea “mayor crecimiento, salud sectorial e implicación de todas las partes”. Pide respeto por una profesión dura, pero necesaria, al ser la generadora de un producto de primera necesidad.


