“La merma de floración en el Parque Nacional del Teide no es consecuencia de las abejas, sino de la sequía”

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El apicultor, Florencio Gutiérrez, cuestiona que se conciba a estos polinizadores como una amenaza para especies endémicas como la retama en este espacio natural.

Para el veterano apicultor, Florencio Gutiérrez, con una dilatada trayectoria profesional a sus espaldas, la degradación que ha experimentado la flora endémica presente en el Parque Nacional del Teide, sobre todo especies como la retama, cada vez con menos floración, “no es una consecuencia directa de la actividad apícola, que durante siglos ha convivido en este espacio natural, sino de la falta de lluvias y nevadas de los últimos 30 años que ha convertido a este paisaje en un erial”.

La sequía, en su opinión, ha sido un factor determinante, pero hay otros que son clave como la presencia de muflones o los incendios que han afectado a este frágil ecosistema y que también han provocado daños importantes.

La apicultura vuelve a ponerse en el foco en el nuevo borrador del Plan Rector de Uso y Gestión (PRUG) al considerarse como uno de los tres puntos, junto con el alto número de visitantes que tiene el parque nacional y el aumento de la presión del ecosistema al permitir más eventos deportivos, que deben limitarse por su impacto negativo según ha advertido el centro de investigación de España (CSIC).

Esta entidad considera que la abeja (Apis Mellifera) “no garantiza la polinización y entra en competencia con otros polinizadores silvestres, desplazándolos, además de no contribuir a la conservación de la flora y vegetación exclusiva del Teide”.

Los apicultores, por su parte, se han comprometido a acatar la obligación de reducir el número de colmenas, que ahora pueden llegar hasta las 2.600 hasta las 2.000 en cinco años.

Gutiérrez aclara que los productores que realizan la transhumancia durante la primavera, en busca de mejores condiciones de alimentación y clima para las abejas “somos siempre los mismos porque para realizar este tipo de prácticas se necesitan unos permisos especiales” que se gestionan a través de la Consejería del Medio Natural del Cabildo Insular de Tenerife y para su obtención es necesario previamente estar inscrito en el Registro General de Explotaciones Apícolas (REGA) y obtener el código de explotación correspondiente.

Una abeja posada en la retama del Teide. Imagen de archivo.

El compromiso del sector apícola es reducir en cinco años el número de colmenas en el Teide de las 2.600 hasta las 2.000.

UN 40% MÁS DE COSECHA

La cosecha de mieles de este año, en torno a un 40% superior a la de 2024, ha dejado buen sabor de boca a los apicultores.

Gutiérrez apunta que las colmenas instaladas en la zona sur de la isla se han comportado mejor que las del norte más afectadas por el frío y la lluvia durante la primavera. Destaca un mayor volumen de recolección de multifloral, aunque también ha obtenido monoflorales como tedera, corazoncillo, retama del Teide, malpica y relinchón, reflejo de la enorme diversidad de plantas exclusivas de Tenerife.

Esta variedad de mieles las pudo mostrar y comercializar en la XIX Feria de la Miel de Tenerife, celebrada en La Laguna a principios del mes de octubre. Un evento, que calificó de “éxito” por la buena acogida que recibió del público asistente cada vez más conocedor de este producto kilómetro cero con el sello de garantía de la Denominación de Origen Protegida (DOP).

La cita contó con numerosas actividades como catas, talleres y un aula gastronómica.

INCORPORACIÓN DE JÓVENES AL SECTOR

Gutiérrez señala que “se incorpora gente nueva a la apicultura, pero cada vez hay menos espacio habilitado donde practicar esta actividad” y añade, “vivir exclusivamente de la producción de mieles es muy complicado porque se necesitan más de 150 colmenas para que sea rentable y, aun así, por cuestiones climáticas no siempre se puede contar con una buena producción como ha sucedido en los últimos años”.

En cualquier caso, “hay jóvenes que muestran interés, aunque sea como hobby, que también contribuyen de alguna manera a la continuidad del sector”.

Critica la coexistencia en el mercado de mieles foráneas con “medicamentos prohibidos en la Unión Europea” que se comercializan a precios más bajos ejerciendo una competencia desleal con las producciones locales.

Prácticas que considera este apicultor se pueden ver reforzadas cuando se firme definitivamente el acuerdo Mercosur y se abra más las puertas a las importaciones de regiones de Sudamérica.

Considera que un arma de defensa del sector apícola de Tenerife debería enfocarse a “subvencionar el kilo de miel producido en la isla” para que este respaldo económico genere rentabilidad y evite el abandono del sector.

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