Dos hermanos productores, Alberto y Carlos Guelmes, subrayan la importancia de disponer de datos precisos para optimizar el manejo del cultivo, ahorrar en costes, ser más rentables y sostenibles.
“Como agricultores no podemos influir en los ingresos que vamos a tener, pero sí podemos controlar los gastos de nuestra explotación tomando decisiones más precisas y resolviendo problemas gracias a la información que nos aporta la tecnología”. Este es el rotundo mensaje que los hermanos y productores Alberto y Carlos Guelmes Soto lanzan al sector platanero, convencidos de la necesidad de aprovechar las ventajas de lo que hoy se conoce como agricultura de precisión, basada en herramientas digitales que aportan datos para optimizar el modelo de producir y la gestión de las explotaciones. “No podemos seguir produciendo como se hacía treinta años atrás. Los tiempos han cambiado y tenemos que adelantarnos y adaptarnos al presente y futuro”, subrayan.
Esta adaptación tecnológica no implica obviar los escenarios de incertidumbre por donde se mueven los agricultores, aclaran estos dos jóvenes empresarios, teniendo en cuenta la dependencia de la actividad de los fondos europeos, las inclemencias climáticas, la volatilidad de los mercados o las dificultades de ajustar la oferta a la demanda. Los riesgos siempre van a estar presentes. Sin embargo, “contar con números en la mano todos los días permite saber por dónde caminar optimizando el manejo del cultivo, ahorrando en costes, siendo rentables y también más sostenibles”, manifiestan.
Titulares de dos fincas de 6 y 2 hectáreas en los municipios de Adeje y Candelaria, en Tenerife, con cuatro empleados a su cargo, los hermanos Guelmes llevan trabajando en el cultivo del plátano desde hace más de diez años. Reconocen que el camino ha estado y sigue estando plagado de un sinfín de problemas de todo tipo: en manejo de riego, producción, plagas o mano de obra. Nada nuevo que no sepan quienes se dedican a esta actividad de manera profesional. En 2019, tras analizar la situación de su explotación, se dieron cuenta de que necesitaban datos para no ir a tientas e intentar corregir todo aquello que no funcionaba como ellos querían.
Gracias a las ayudas del Kit Digital, al asesoramiento de la Oficina del Regante y a buscar información a través de internet y las redes sociales, instalaron tensiómetros y una estación meteorológica en el interior del invernadero, además de un programador de riego. Los tensiómetros, instalados en el suelo a diferentes profundidades, actúan como raíces de la platanera. Están conectados al móvil mediante una aplicación y permiten realizar recomendaciones de riego con exactitud en función del tipo de tierra, la parcela o las condiciones ambientales de temperatura y humedad. También permiten medir parámetros como el Déficit de Presión de Vapor para mejorar el abonado o las aplicaciones puntuales de fitosanitarios. Con el uso de estos dispositivos han logrado ahorrar casi un 20% de agua en una de las fincas después de año y medio.

Otra línea de cambio que han introducido desde hace seis años, en previsión de las nuevas normativas de la Unión Europea que limitan las aplicaciones de productos químicos de síntesis para el control de las plagas y enfermedades en la agricultura, es la implementación de la lucha integrada, mediante sueltas selectivas de enemigos naturales y feromonas. Estas técnicas les ayudan a controlar trips, araña, cochinilla, picudo y lagarta, y por ellas han recibido el Premio Musa. Aseguran que les está “funcionando”, aunque los resultados no son inmediatos. Se necesitan mínimo tres años para empezar a apreciar diferencias en el cultivo, porque requiere tiempo encontrar los protocolos adecuados para saber cuándo y cuánto soltar en cada momento del año y en función de qué patógeno se quiere combatir. “Cada explotación es un mundo y no todo sirve para todas por igual”, apuntan.
Por la experiencia de estos productores, “la utilización continuada de fitosanitarios destruye la materia orgánica del suelo y acaba afectando a la planta, debilitándola e impidiendo su crecimiento”. Buscar alternativas biológicas conlleva de nuevo hacer números y, partiendo de datos reales, preguntarse si realmente es rentable o no. “La respuesta es sí”, afirman, aunque matizan que “la afección de las plagas no se reduce, pero hacen menos daño porque la platanera está más fuerte”.
En paralelo, se han implicado con otro proyecto que vincula la siembra de setos perimetrales a base de plantas autóctonas resistentes para generar biodiversidad en el invernadero y que actúen como reservorio de insectos beneficiosos para el control de determinadas plagas. «Habrá que esperar a que los datos recogidos nos indiquen si la idea prospera. Son muchos factores los que hay que considerar, porque tomar cualquier decisión a la hora de implantar cualquier metodología conlleva un coste económico y tenemos que saber exactamente si merece la pena o no asumirlo”, sostienen. Relevante también resulta el sistema de cintas de ocho colores que emplean para marcar la fruta en función de las labores a realizar durante el proceso productivo del plátano, como el desflorillado, la parición o el corte. Este sistema les sirve, además, para planificar de alguna manera la producción en cada campaña, adaptándola a las demandas del mercado. Es un sistema muy sencillo procedente de Sudamérica que consideran que se debería generalizar en el sector. Su uso les ha permitido transformar el modelo de producción, que ha pasado de estar concentrada entre los meses de mayo y agosto a producir durante todo el año.

La escasez de mano de obra
Otra problemática que afronta el sector platanero es conseguir mano de obra disponible para trabajar. En el caso de estos dos jóvenes les sucedió cuando la plantilla de personal fijo con la que contaban se fue jubilando y tuvieron que buscar incorporaciones nuevas. Se toparon con multitud de casuísticas y las contrataciones no prosperaban. “Muchos de los que se acercaban a la explotación buscando trabajo eran inmigrantes, pero al no tener papeles en regla, no podíamos contratarlos”, señalan. Encontraron una solución gracias a la Fundación Don Bosco, que orienta el empleo entre jóvenes de diferentes perfiles. Ahora, dicen, cuentan con un equipo joven, serio, entusiasta y comprometido con su trabajo, “que aporta estabilidad a la empresa”. Lamentan, no obstante, la falta de formación específica vinculada al cultivo del plátano. La mayoría de los solicitantes de empleo llegan sin experiencia y es necesario formarlos de manera práctica, en pocos pasos, para que en unos días aprendan las labores básicas.
Preguntados por el reto de animar a los jóvenes a incorporarse al sector agrícola, los hermanos Guelmes creen que “la agricultura puede aspirar a ser rentable recurriendo a la tecnología, siendo innovador y poniéndole ganas e interés”. No esconden que requiere esfuerzo y constancia diaria para obtener unos resultados aceptables y reconocen que la avanzada edad de muchos agricultores no favorece la innovación. Pero, según defienden, “si realmente queremos una renovación generacional, se debe asumir un enfoque tecnológico que permita transformar la intuición con la que se gestionan muchas explotaciones en conocimiento y certidumbre con un impacto real en la economía del sector”.


