Hace años redactó el estatuto que regiría el consejo único de los vinos de la isla y, aunque no fue acogido con demasiado entusiasmo por el sector, sigue convencido de que la unidad es la única vía para el “fortalecimiento de nuestra potencia viticultora”.
Tenerife cuenta con cinco consejos reguladores de vinos diferenciados por comarcas y Denominaciones de Origen Protegida: Tacoronte-Acentejo, La Orotava, Ycoden-Daute-Isora, Güímar y Abona. Este último fue presidido por el viticultor Domingo Luis Martín Rodríguez de Acuña entre 2015 y 2024, recientemente galardonado con el Premio San Andrés 2025. Durante su etapa como presidente se marcó el reto de aglutinar en un único organismo al sector profesional de la isla, convencido de que la división resta fuerza. Llegó a redactar el estatuto de lo que sería el consejo único, pero el escaso entusiasmo con que fue recibido por el sector no logró que prosperara. Hoy, ya retirado, sigue creyendo que tarde o temprano la unión acabará implantándose como vía para el “fortalecimiento de la potencia viticultora de nuestra isla”.
Explica Martín que en la Península “hay explotaciones vitivinícolas que son dos veces más grandes que toda la superficie de viñedo registrada por los cinco consejos reguladores”, que suman 3.418 hectáreas. “Eso nos debería dar una idea de la debilidad que representa que cada comarca actúe por su cuenta. Si nos uniéramos, todo funcionaría muchísimo mejor, la administración nos comprendería mejor, seguramente podríamos obtener más ayudas, el agricultor estaría más protegido y la marca vinos de Tenerife saldría fortalecida”, defiende. En este proceso de unificación, considera fundamental saber explicar y convencer al viticultor de las ventajas de esta transformación para que comprenda su importancia y termine por aceptarla.
“Si nos uniéramos, la administración nos comprendería mejor, podríamos obtener más ayudas, el agricultor estaría más protegido y la marca vinos de Tenerife saldría fortalecida”, Domingo L. Martín.
Con la incomprensión de los propios viticultores y de algunas autoridades tuvieron que lidiar quienes, como Martín, trabajaron por la creación del Consejo Regulador de Abona en 1995. “No se entendía nuestra función y se nos veía como intrusos”, subraya. Antes de su existencia, se vivieron “momentos dramáticos”. El abandono del campo era la tónica predominante. La tradición del cultivo de la viña en el sur de la isla atravesó un periodo de declive, salvo casos anecdóticos donde el viñedo se mantuvo en algunas zonas y en otras quedó de manera marginal.
Este escenario complicó convencer de la constitución de esta entidad vitivinícola. Los primeros años fueron “desalentadores”. “De no ser por la mentalidad deportiva de salir adelante, probablemente hubiéramos abandonado, pero no fue así. Hoy, gracias al apoyo intelectual e incluso me atrevería a decir científico del Consejo, el avance del sector vitivinícola en la comarca del sur ha sido espectacular”, esboza con orgullo su expresidente.

Los datos demuestran la evolución del Consejo Regulador de Abona: se pasó de tres barricas de vino en los inicios a superar el millón de litros, a excepción de las últimas vendimias, y de 10 a cerca de 1.500 viticultores, además de 15 bodegas, según el último censo de 2025. La transformación del sector no fue solo cuantitativa. También hubo una reconversión del viñedo. Además de Listán Blanco, la variedad predominante en esta comarca “de extraordinaria calidad” y adaptada a las condiciones edafoclimáticas de la zona, se comenzaron a introducir, con algunas reservas al principio, variedades tintas que hoy suman dos millones de kilos de uvas.
La comarca de Abona engloba los viñedos de municipios como Adeje, Arona, San Miguel de Abona, Granadilla de Abona, Arico y Fasnia, que se benefician de factores primordiales para su desarrollo: sol, suelo lávico, agua y viento alisio. Estos elementos aportan características únicas a los vinos y marcan su diferencia con respecto a otras regiones vitivinícolas del mundo. El cultivo abarca desde los 300 hasta los 1.700 metros de altitud sobre el nivel del mar, la cota más alta donde se cultiva viña en España.
Sequía y filoxera, dos enemigos a combatir
En los últimos años, los viticultores han tenido que enfrentarse a dos enemigos de envergadura: la sequía y la filoxera. La primera tuvo su punto más álgido en el año 2023, con reiteradas olas de calor que propiciaron un aumento del debilitamiento severo de la vid causado por estrés hídrico y pocas horas de frío durante el periodo invernal. La segunda golpeó en 2025, cuando se descubrió la presencia por primera vez de esta plaga mortífera en unos viñedos abandonados en Valle de Guerra, en La Laguna, que más tarde se extendió a otros municipios. Aunque sin daños significativos, puesto que todos los focos se encontraban en plantas aisladas, la rápida actuación de las administraciones públicas, las medidas impuestas prohibiendo, entre otras acciones, la importación, y las buenas prácticas de los viticultores han contribuido a frenar su avance. No obstante, la desconfianza sigue presente porque, además de detectarse el patógeno en las hojas, ya se ha descubierto en suelo en la zona cero.
Para Martín, la plaga de la filoxera infunde temor en sí misma por los antecedentes históricos que arrastra desde el siglo XIX, cuando llegó a Europa desde Estados Unidos arrasando con todo el viñedo y provocando una crisis vitícola sin precedentes, de la que Canarias se mantuvo al margen gracias a su lejanía y sus condiciones volcánicas.
Hoy, en cambio, “hay que pensar que existen métodos para combatirla y la calidad de nuestro suelo y el cuidado que los viticultores proporcionan a la viña desde su nacimiento ha influido para que en el sur de la isla no hayamos tenido su presencia”.
Sobre si se debería haber avanzado más en el saneamiento de las variedades tradicionales tan demandado por el sector, considera que “no existe una política de saneamiento soportada con recursos económicos destinados a este fin. Cuando se habla de sanear es momentáneo, en el instante en que aparece la plaga”.
“El futuro del sector vitivinícola debe seguir contando con el amparo de las administraciones. Sin ese apoyo, no podemos hacer nada”.
Garantía para vivir “dignamente” del cultivo
El futuro del sector vitivinícola está expuesto a amenazas y desafíos vinculados a los fenómenos meteorológicos adversos, a la presencia de plagas y enfermedades, al abandono de la actividad y a la falta de relevo generacional. Enfrentarlos para poder seguir creciendo es todo un reto. El expresidente del Consejo Regulador de Abona cree que, en este crecimiento, lo primordial es seguir contando con el amparo de las administraciones públicas. «Sin ese apoyo, no podemos hacer nada”, matiza. Lo segundo es “buscar que el relevo generacional entienda que se puede vivir del vino y, para lograrlo, tenemos que tener la seguridad absoluta de que el vino me va a permitir vivir con dignidad”.
En el margen opuesto, la viticultura está rodeada de oportunidades relacionadas con la innovación y la tecnología, la mejora del conocimiento del cultivo, el fomento de prácticas agronómicas sostenibles, la investigación para desarrollar nuevas estrategias, la valorización y el impulso al consumo de los vinos canarios, que merecen ser exploradas. Recuerda Martín que “los vinos canarios poseen unas características especiales y singulares que deben seguir preservándose. Diferenciarnos será parte de nuestra ventaja como sector y hay que saber potenciarla al máximo”.


